Editorial Octubre 2016
La educación, siempre
Son tiempos complejos en los que se nos bombardea con datos, promesas, expectativas, ilusiones, esperanzas. Ya vemos cómo la ciencia avanza en sus investigaciones. Y nada nos gustaría más que nos aseguraran, de una vez por todas, que sí, que disponemos de productos que mejoran decididamente las habilidades cognitivas, comunicativas y sociales de nuestros hijos: su atención, sus aprendizajes, su lenguaje... sin dejar de ser ellos, con sus inmensas cualidades y su personalidad.
Es cierto que se vislumbra el camino que puede ayudar a lograr mayores resultados o, al menos, a facilitar el trabajo sobre las capacidades de nuestros hijos. La actividad de la epigalocatequina, por modesta y condicionada que sea, abre la puerta a la esperanza. Pero, incluso con ella, resulta indispensable la aportación conjunta de las actividades que realmente estimulan el cerebro y consiguen que el niño, adolescente, joven o adulto con síndrome de Down alcance, utilice y disfrute equilibradamente de las habilidades propias de sus capacidades cognitivas y emocionales.
Cuando decidamos administrar un fármaco, hagámonos las siguientes preguntas:
- ¿Está más atento y su atención se prolonga más tiempo?
- ¿Entiende e interpreta mejor lo que le decimos?
- ¿Mejora en su lenguaje, de acuerdo con su edad mental, en inteligibilidad, sintaxis, vocabulario, enunciado de frases?
- ¿Colabora más y mejor en la casa de acuerdo con las responsabilidades que en él hemos depositado?
- ¿Recuerda más los acontecimientos, los encargos, lo que ve y oye?
- ¿Muestra más interés por lo que le decimos, por las tareas escolares?
- ¿Acepta mejor las indicaciones y sigue las observaciones que se le hacen?
- ¿Planifica mejor sus tareas y actividades?
- Es preciso, pues, que antes de dar ninguna medicación, tengamos muy claros los parámetros que hemos de valorar en términos reales y concretos, sabiendo que esa "mejoría de la cognición" que se nos quiere vender se debe traducir en datos sustanciales objetivados en la vida diaria del individuo: de esa persona concreta. Porque la pregunta definitiva sería:
- ¿Se siente ahora realmente más feliz?
Ha de tenerse presente, claro está, que la mejoría posible que podamos observar puede no ser inmediata sino que lleve tiempo para que se manifieste. En cualquier caso, ningún producto será válido si no se acompaña de nuestra permanente acción educativa, cuya esforzada y paciente aplicación jamás deberá ser abandonada en la falsa confianza de que el medicamento lo consigue todo.
La educación, en todas sus variadas y ricas dimensiones, sigue y seguirá siendo el principio clave que condiciona el futuro de todo ser humano. ¿Cómo no lo va a ser también, sabiamente adaptada y enriquecida por la experiencia, para desarrollar las inteligencias múltiples de nuestros hijos? Pero la educación no es reducto de la escuela. La escuela suple y complementa. La educación es la máxima expresión del amor de la familia. Si la familia no educa, el trabajo del profesional se seca.
Conscientes de esta realidad, la Fundación Iberoamericana Down21 ha realizado un gran esfuerzo por revisar, enriquecer y reorganizar el espacio dedicado al Área de la Educación, en su más amplio sentido, ampliando temas y contenidos. Les invitamos a visitarla y utilizarla en nuestra web DownCiclopedia: www.downciclopedia.org/educación.




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