El efecto San Mateo y la educación en el síndrome de Down

El efecto San Mateo y la educación en el síndrome de Down
El efecto San Mateo hace referencia a un fenómeno sociológico que permite describir cómo las desigualdades se incrementan con el tiempo. Toma su nombre de la cita del evangelista en la parábola de los talentos (Mateo 25,14-30), que recoge el versículo: "Porque al que tiene se le dará y abundará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará". Se basa en la idea de que quienes comienzan con ventaja acumulan más privilegios, mientras que quienes parten con algún tipo de desventaja se vuelven, con el tiempo, más desfavorecidos.
Veámoslo con un ejemplo sencillo del ámbito de la educación. Si un niño aprende a leer con rapidez y lo hace bien, leerá cada vez más y cada vez mejor, con lo cual le gustará leer y seguirá haciéndolo cada vez con más frecuencia, en un círculo virtuoso ascendente. Por el contrario, a quien le cuesta leer, prefiere no hacerlo, cada vez lee menos y su distancia del lector competente se amplía.
El campo de la lectura refleja claramente el efecto San Mateo aplicado a las personas con discapacidad. Durante muchísimo tiempo y hasta décadas recientes, las personas con síndrome de Down fueron analfabetas como grupo, pues no se confiaba en su potencialidad para alcanzar la destreza lectora, distanciándose del objetivo general que buscaba la erradicación del analfabetismo en el mundo. Mientras el resto de la población cada vez leía más y mejor, las personas con trisomía se mantenían alejadas del acceso a la lectura y, por tanto, a la educación y a la cultura. Fue preciso que diferentes personas, de manera simultánea y en diferentes lugares del mundo, creyeran en su potencialidad para leer para derribar las consecuencias del terrible efecto San Mateo.
o desventaja
más o menos apoyo
se amplía la brecha
dar más a quien menos tiene
En la historia de la educación de las personas con trisomía 21 contamos con muchos otros ejemplos de la repercusión del efecto San Mateo. Como se pensaba que no iban a aprender debido a sus dificultades comprensivas, no se les enseñaba, con lo cual no aprendían, y su nivel madurativo y educativo, cada vez se reducía más. Como responden con menor frecuencia a la estimulación verbal, se les habla menos, con lo que su nivel de comunicación verbal se reduce. Como los aprendizajes son lentos y costosos, la tendencia es a proporcionarles menos estimulación, con lo que la diferencia se va agrandando con respecto a aquellos que aprenden con más facilidad. En consecuencia, la brecha educativa con el resto de la población se abría cada vez más, produciendo que el colectivo de personas con síndrome de Down cada vez supiera menos en un mundo en el que la gente cada vez estaba mejor formada. Y así, podríamos extender esta línea de razonamiento, hacia todos los campos en los que se han limitado las oportunidades de desarrollo de las personas con síndrome de Down.
Sin embargo, la solución se encuentra, precisamente, en proporcionar más a quien menos tiene, aplicando el principio de equidad para los que cuentan con condiciones de inicio más desfavorables. La estimulación temprana, la incorporación a los entornos educativos regulares real y eficientemente comprometidos, la participación en actos sociales en ambientes ordinarios o la incorporación paulatina al mundo del trabajo con los apoyos necesarios y próximos, son otros tantos ámbitos en los que se ha tenido que luchar contra el efecto San Mateo para lograr que la brecha entre las personas con síndrome de Down y el resto de la población se redujera.
La educación tiene, entre muchos otros fines, el de tratar de compensar “el efecto san Mateo”, aprovechando al máximo los “talentos” con los que cuentan las personas con síndrome de Down cuando nacen, es decir, sus potencialidades, sus habilidades, sus puntos fuertes. A fin de cuentas, el que no invierte lo que tiene, hasta lo que tiene lo pierde.




Comentarios
Julia es la hija de mi matrimonio con Ma. Adelaida, nació cuando en mi país, Venezuela, la atención de personas con discapacidad estaba muy atrasada, de tal modo que-cuando cursaba estudios en educación especial, al solicitarle al docente que le enseñara a leer y escribir, nos tildaron de locos, porque a quien se le ocurría que un niño con síndrome de Down aprendiera a leer y escribir.
Lamentablemente todavía prevalece el efecto San Mateo en la educación de las personas con síndrome de Down.