Editorial: El empeño en lo intelectual y la importancia de las emociones
Editorial: El empeño en lo intelectual y la importancia de las emociones
Uno de los efectos fundamentales que produce la trisomía 21 es la discapacidad intelectual, que se presenta en diferentes grados. Y es esta discapacidad la que preocupa fundamentalmente a los padres. Cuando se van superando los problemas de salud que suelen acompañar al síndrome de Down, lo que da vueltas en la cabeza de los progenitores y les cuesta tanto superar son sus carencias intelectuales. En un mundo que rinde culto al intelecto, en un mundo que gira alrededor de la inteligencia, quien tiene limitada su capacidad de razonar cuenta con especiales dificultades de partida.
De ahí que todo el mundo se ponga manos a la obra para compensar esas carencias. Los programas de estimulación temprana, de desarrollo del lenguaje, de lectura y escritura o de introducción al cálculo y las matemáticas son todos ellos estrategias de intervención para intentar paliar los efectos que la trisomía tiene en el ámbito intelectual.
Ahora bien, cuando una persona tiene discapacidad visual, la intervención no se suele dirigir principalmente a superar esa discapacidad, sino a compensarla a través de otros sentidos, con sistemas de lectura como el Braille o poniendo voz a las imágenes. Lo mismo ocurre con quienes tienen discapacidad auditiva, que no se compensa trabajando el oído, sino proporcionando estrategias compensatorias de carácter visual, como la lengua de signos o los subtítulos en las películas. ¿Por qué ese empeño en trabajar lo intelectual en quienes tienen su mayor carencia precisamente en este terreno?
Las personas con SD tienen fortalezas evidentes en el ámbito de su capacidad emocional como su espontaneidad a la hora de expresar sus emociones y su capacidad de vivirlas intensamente. También destaca en ellas el aprendizaje por imitación u observación, que les permite captar lo que los demás sienten, en especial en el caso de sus seres más queridos, y disponer de una marcada sensibilidad afectiva. Por otro lado, muestran un interés frecuente por la relación con los demás y por el contacto social. El campo de las emociones y los sentimientos es terreno fértil para la educación de las personas con síndrome de Down, generalmente no cultivado.
Evidentemente, también presentan carencias evidentes en el ámbito emocional, que requieren ser trabajadas. La experiencia nos demuestra que las mayores dificultades que encuentran los niños con síndrome de Down para ser admitidos con naturalidad en las escuelas y los adultos para incorporarse a puestos de trabajo en entornos ordinarios, se deben a carencias de índole social y emocional, tanto suyas como de quienes les han de acoger. Por ejemplo, las conductas inadecuadas son uno de los factores más importantes de rechazo y de exclusión escolar. En el caso de los compañeros de colegio, la falta de empatía y de capacidad de aceptación, la baja tolerancia hacia quien es diferente, la dificultad para superar la presión del grupo o para comprender la perspectiva de los demás, pueden explicar determinadas actitudes negativas hacia la inclusión, competencias todas ellas entrenables con programas de educación emocional.
En el ámbito laboral, los casos de adultos con trisomía 21 que han perdido su puesto de trabajo se han debido, en la mayor parte de las ocasiones, a carencias de habilidades básicas en el conocimiento y control de las propias emociones y en la gestión emocional en la interacción con otros, no a factores relacionados con las labores que debían desempeñar. Un joven adulto que se niega a corregir un fallo en su tarea profesional por su dificultad para aceptar una crítica o corrección y por su baja tolerancia a la frustración, o una trabajadora que envía un correo comprometido a su jefe porque se siente atraída por él , debido a su falta de una habilidad social básica y de autocontrol de los impulsos, ponen en peligro el mantenimiento de su puesto laboral en mayor medida que si no desempeñaran correctamente sus tareas, pues este último aspecto puede ser corregido con facilidad. La escasez de habilidades sociales y el analfabetismo emocional puede llegar a ser más determinante para la inclusión social de las personas con trisomía 21 que sus limitaciones intelectuales o cognitivas.
Poner en primer plano el ámbito emocional es, de alguna manera, incidir en las fortalezas de las personas con síndrome de Down, apoyarnos en aquello en lo que tienen más potencialidad y dejar en segundo plano lo que es la esencia de su discapacidad. De ahí que, para el presente número de la Revista Virtual, hayamos escogido tanto en el artículo principal, como en la sección “Decíamos ayer” y en el libro recomendado, contenidos relacionados con el ámbito emocional. Queremos, de esta forma, destacar la importancia esencial que tienen las emociones para las personas con síndrome de Down, así como su formación en este ámbito.




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