Política de Cookies DownMediaAlert ― Agosto 2024, N. 71 - Síndrome de Down

DownMediaAlert ― Agosto 2024, N. 71

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  1. Hábitos alimenticios y actividad física en niños y adolescentes con síndrome de Down.
  2. Profundizando en la causa biológica del trastorno de regresión en el síndrome de Down.
  3. Ejercicio físico y ejercicio cognitivo: su impacto sobre la satisfacción vital, la autoeficacia y los estados de ánimo de los adultos con síndrome de Down: El estudio MinDSets.

 

  1. Hábitos alimenticios y actividad física en niños y adolescentes con síndrome de Down.

Luca Pecoraro, Melissa Zadra, Francesco Cavallin, Silvana Lauriola, Giorgio Piacentini, Angelo Pietrobelli. (2024). Lipid Profile, Eating Habit, and Physical Activity in Children with Down Syndrome: A Prospective Study. Diseases 2024, 12https://doi.org/10.3390/diseases12040068

Basta asistir a un congreso que reúna a jóvenes y adultos con síndrome de Down (SD) para comprobar el alto porcentaje de individuos que presentan obesidad, a veces en alto grado, porcentaje muy superior al compararlo con el del resto de la población. Si el problema ya es serio en la era actual para la población general, calificado a veces como epidémico y convertido en diana de las multinacionales farmacéuticas, lo es mucho más en el mundo del SD. Son numerosos los factores de todo orden que contribuyen al aumento de peso en esta población. Son de destacar su menor gasto energético, la tendencia a la pasividad derivada en parte de su propia hipotonía muscular, ciertas comorbilidades como el hipotiroidismo o la cardiopatía, los problemas de masticación y deglución que les inducen a elegir alimentos de fácil ingesta (especialmente carbohidratos [p. ej., pasta, bebidas azucaradas]) y evitar los más dificultosos o de sabor menos atractivo [p. ej., frutas diversas, verduras, pescado]. No se pueden obviar, además, el evidente componente hedónico que acompaña de manera muy personal a la comida y las tradiciones culturales que impregnan ya al individuo desde sus primeros años a través de la familia.

Saber ajustar la dieta diaria de manera que cubra las necesidades energéticas sin excederse y, al mismo tiempo, satisfaga la vertiente hedónica propia de la comida requiere la adquisición de un hábito basado en el conocimiento y una buena práctica educativa, hábito que ha de ser adquirido desde las edades más tempranas. Por eso los pediatras afirman que: 1) la infancia es la etapa clave en la adquisición de los hábitos alimenticios y el estilo de vida; 2) el desarrollo de la obesidad en la infancia a partir de los 6 años y en la pubertad es el mayor indicador de lo que va a ocurrir en la edad adulta; y 3) prevenir es más fácil y útil que corregir.

El presente estudio explica la experiencia de una unidad pediátrica especializada en el SD en el hospital universitario de Verona, que dirigió un plan de formación y seguimiento prospectivo sobre nutrición y actividad física a padres/cuidadores de niños y adolescentes con SD a lo largo de dos años. Para ello los participantes recibieron instrucciones ofrecidas por un pediatra especializado que expuso y explicó detalladamente la importancia de llevar a cabo ejercicio físico y los beneficios de la Dieta Mediterránea, para que los aplicaran durante ese periodo. Analizaron los datos antropométricos y de laboratorio (perfil lipídico) cada 6 meses, insistiendo en las recomendaciones sobre el valor del ejercicio y la dieta. Valoraron el grado de adhesión a la Dieta mediante “KIDMED-Mediterranean Diet Quality Index”, y la actividad física mediante el “Godin-Shepard Leisure Time Physical Activity Questionnaire”. Los parámetros para valorar los resultados se basaron en estos dos índices, el índice de Masa Corporal (IMC) y el perfil de lípidos HDL, LDL y TGC, comparando los datos entre las visitas en la línea de base y a tras el seguimiento de dos años.

Participaron 44 niños con SD (24 varones y 20 mujeres, media de edad de 9 ± 3 años). El grado de adhesión a la dieta Mediterránea y a la actividad física en la línea de base y a los 2 años de seguimiento se resume en la tabla 1; mejoró la actividad física y no hubo cambios en la adhesión a la dieta Mediterránea.

Tabla 1. Comparación de la actividad física (Godin) y la adhesión a la dieta Mediterránea (KIDMED) en la visita de la línea de base y a los 2 años de seguimiento.

Variable

Línea de base (n = 44)

A los 2 años (n = 44)

Valor de p

Puntuación Godin

 

 

0,0004

   Media (DE)

17 (8)

22 (10)

 

   Mediana (IQR)

17 (10-21)

23 (15-29)

 

   Min; max

3; 44

2; 39

 

Actividad, n (%)

 

 

0,002

   Activo

6 (14%)

22 (50%)

 

   Moderadamente activo

22 (50%)

12 (27%)

 

   Insuficientemente activo

16 (36%)

10 (23%)

 

Puntuación KIDMED

 

 

0,32

   Media (DE)

  

6 (2)

6 (3)

 

   Mediana (IQR)

6 (5-7)

6 (4-7)

 

   Min; max

2; 10

1; 11

 

Adhesión a la dieta, n (%)

 

 

0,50

   Alta

11 (25%)

12 (27%)

 

   Moderada

28 (64%)

22 (50%)

 

   Baja

5 (11%)

10 (23%)

 

A lo largo de los dos años hubo una disminución en el IMC, con reducción en el número de niños obesos y modificaciones en el perfil lipídico, como se muestra en la tabla 2.

Tabla 2. Comparación de IMC y perfil lipídico entre la línea de base y a los 2 años.

Variable

Línea de base (n = 44)

A los 2 años (n = 44)

Valor de p

Puntuación IMC

 

 

0,006

   Media (DE)

1,1 (1,2)

0,7 (1,2)

 

   Mediana (IQR)

1,0 (0,4-1,8)

0,8( 0,1-1,4)

 

   Min; max

-1,5; 4,5

-4,6; 2,7

 

Categoría IMC, n (%)

 

 

0,05

   Peso normal

27 (61%)

29 (66%)

 

    Sobrepeso

11 (25%)

13 (30%)

 

    Obeso

6 (14%)

2 (4%)

 

LDL, mg/dL

 

 

0,04

   Media (DE)

78 (27)

83 (24)

 

   Mediana  (IQR)

72 (62-97)

86 (67-100)

 

   Min; max

23; 141

35; 138

 

HDL, mg/dL

 

 

0,03

   Media (DE)

53 (12)

50 (10)

 

   Mediana  (IQR)

54 (45-60)

48 (43-55)

 

   Min; max

20; 80

33; 83

 

TGC, mg/dL

 

 

0,50

   Media (DE)

79 (39)

73 (33)

 

   Mediana  (IQR)

66 (53-96)

63 (52-84)

 

   Min; max

33; 219

31; 184)

 

Dislipidemia, n (%)

13 (30%)

15 (34%)

0,77

Los resultados muestran que la serie de  instrucciones dirigidas a mejorar la nutrición y la actividad física a lo largo de dos años consiguió establecer ciertos cambios en los hábitos del estilo de vida y en el estado de nutrición en los niños y adolescentes con SD. El asesoramiento mantenido logró aumentar la actividad física, con más niños que desarrollaban un mayor grado de actividad. No mejoró significativamente, sin embargo, el grado de adhesión a la dieta Mediterránea aunque en conjunto, la mayoría lo hizo en un grado moderado/alto. Un problema puede ser la naturaleza física de los componentes de esta dieta, con predominio de alimentos sólidos frente a líquidos, dadas las dificultades de masticación y deglución que estos niños presentan frecuentemente.

Los datos globales del estudio indican la utilidad de la persistencia en el asesoramiento por parte del pediatra, que vigila periódicamente el estado nutricional, el crecimiento y el estilo de vida en una etapa de la vida que es crítica para incorporar hábitos decisivos en el control de la dieta. Su determinación en instruir y formar al individuo y a su entorno familiar es decisiva para que esos hábitos se consoliden y queden integrados de una manera natural en sus decisiones sobre el modo de gestionar día a día su alimentación.

Comentario:  Dada la naturaleza extraordinariamente compleja de los factores que conforman la actividad humana relacionada con la comida y la alimentación, resulta particularmente decisiva la formación que se reciba en las primeras etapas de la vida en las que se van estructurando los principios básicos que modelarán la conducta. La experiencia nos muestra la extraordinaria dificultad para cambiar los hábitos alimenticios pasados los veinte años. A las dificultades intrínsecas de carácter cognitivo se suman las características biológicas que favorecen la tendencia a aumentar la ingesta y el peso. Por eso se ha de encarecer al equipo pediátrico responsable de la salud de los niños y adolescentes con SD y a los equipos educativos que cultivan su formación, que extremen sus cualidades pedagógicas y recomendaciones para que la vigilancia de la comida no constituya una barrera ominosa e infranqueable sino el resultado de decisiones propias, internas, bien fundamentadas y satisfactoriamente tomadas.


  1. Profundizando en la causa biológica del “trastorno de regresión en el síndrome de Down”.

Saba Jafarpour, Abhik K. Banerjee, Mellad M. Khoshnood, Benjamin N. Vogel, Natalie K. Boyd, Lina Nguyen, Rebecca Partridge, Stephanie L. Santoro, Grace Y. Gombolay, Kristen S. Fisher, Diego Real de Asúa, María del Carmen Ortega, Cathy Franklin,  Michael S. Rafii, Jonathan D. Santoro. (2024). De novo variants in immune regulatory genes in Down syndrome regression disorder. Journal of Neurology.

https://doi.org/10.1007/s00415-024-12521-y

Aunque afortunadamente infrecuente, la gravedad del trastorno de regresión en el síndrome de Down (TRSD) acapara el interés por conocer la raíz del problema con la esperanza de que nos revele algunos signos que nos conduzcan a idear soluciones para aliviar y, si es posible, resolverlo de manera eficaz. Algunas de las características clínicas, la parcial, pero no pequeña, buena respuesta al tratamiento con la inmunoglobulina IgG, y la reconocida disregulación inmunitaria en el síndrome de Down, hacen pensar en la posibilidad de que se trate de una nueva forma de patología autoinmune. Por otra parte, llama la atención que sólo un pequeño grupo de personas con SD desarrolle este cuadro. El objetivo del presente estudio ha sido analizar ciertas características de algunos genes implicados en la regulación de la inmunidad en un grupo de personas con SD que han padecido el TRSD. Concretamente, identificar variantes raras en regiones codificantes de genes relacionados con la regulación inmune.

El estudio, de carácter retrospectivo, se realizó sobre la base de los registros que identificaron a 347 individuos diagnosticados de TRSD entre1 de julio de 2019 y 1 de octubre de 2023. De ellos, a lo largo de las pruebas diagnósticas, en 41 se les había practicado una secuenciación del exoma en trío; es decir, el análisis de todo el DNA que codifica proteínas propio del individuo en cuestión más el de sus padres, con el fin de detectar si ha habido cambios (variantes) nuevos en el individuo afectado o ha heredado los que ya tenían sus padres.

De los 41 a los que se había realizado la secuenciación del exoma, en 8 (20%) se identificaron 4 variantes de novo clasificadas como patógenas o probablemente patógenas (UNC13D, XIAP, RNASEH2A y DNASEIL3), y otras 4 de significado clínico incierto. Todos los genes que albergaban variantes patógenas estaban asociados a respuestas inflamatorias en las que se encuentra implicado el interferón tipo 1.

Los 8 pacientes que tenían alguna de esas variantes patógenas en su exoma, en comparación con los 33 que no las tenían, mostraron diferencias estadísticamente significativas en algunas características de su clínica: la presencia de un claro antecedente desencadenante del TRSD, la rapidez con que se desarrolló el declive regresivo (menos de 1 mes), y la existencia de ciertas anomalías en las imágenes cerebrales por resonancia magnética, que afectaban al cerebelo y ganglios basales.

Es muy significativo el hecho de que todos los genes que contenían variantes patógenas codifican proteínas asociadas con la respuesta al interferón tipo-1, y están vinculadas a diversas manifestaciones de tipo inmunológico. Recuérdese que en el cromosoma 21 se alojan genes que codifican 4 de los 6 tipos de receptores del interferón; y que en la trisomía 21, por tanto, hay un exceso de producción de dichos receptores y la consiguiente mayor respuesta a los interferones con el previsible desequilibrio en la respuesta inmunitaria. Esas variantes patológicas halladas en los genes de determinados pacientes con TRSD podrían contribuir a aumentar la respuesta anómala a determinados agentes estresores, capaces de desencadenar con especial gravedad el cuadro del trastorno regresivo.

Comentario: Pese a las muchas incógnitas que se esconden en el TSRD, el presente estudio constituye una ligera aproximación a contemplar el cuadro en el marco general de una inmunopatía que pudiera estar asociada a la sobredosis de receptores del interferón. Son muchos otros factores personales y ambientales que pueden interactuar con los estrictamente biológicos, y explicar la singularidad en la afectación por este trastorno.


  1. Ejercicio físico y ejercicio cognitivo: su impacto sobre la satisfacción vital, la autoeficacia y los estados de ánimo de los adultos con síndrome de Down: El estudio MinDSets.

Viviane Merzbach, Matthew Jewiss, Adrian Scruton, Dan Gordon. (2023). The Effects of Prescribed Physical and Cognitive Exercise on Life Satisfaction, Self-Efficacy and Mood States in Adults with Down Syndrome: The MinDSets Study. Int. J. Environ. Res. Public Health 2024,21,610. https://doi.org/10.3390/ijerph21050610

Es la segunda parte del estudio MinDSets, cuya primera parte fue informada en DMA: https://www.down21.org/downmediaalert/4265-downmediaalert-marzo-2024-n-66.html#a1

En la población general se conocen bien los beneficios conseguidos mediante la actividad física sobre la salud mental. Ciertamente, el ejercicio se prescribe rutinariamente como un antídoto para la merma de la salud mental, y se ha convertido en un tópico fundamental de las recomendaciones para el bienestar mental en todo el mundo, siguiendo directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS), del American College of Sports Medicine (ACSM), y del Departamento de Sanidad del Reino Unido; todas ellas confirman las pruebas de los beneficios que aporta el ejercicio cuidadosamente prescrito. Un estudio prospectivo reciente, llevado a cabo en ~267.000 adultos, demostró que los niveles mayores de actividad física iban asociados a unas menores posibilidades de desarrollar una enfermedad mental. El ejercicio proporciona estos beneficios debido a una serie de mecanismos interconectados relacionados con las adaptaciones neurobiológicas, capaces de promover cambios conductuales relacionados con las habilidades de autorregulación y con la autoeficacia.

Anteriormente, el síndrome de Down (SD) aparecía asociado a una baja calidad de parámetros de calidad de vida y a una baja autoeficacia, y ello se asociaría con mayores niveles de ansiedad, con perturbaciones del estado anímico y con síntomas relativos a la depresión. Sin embargo, son escasas las pruebas que demuestren en qué medida el ejercicio físico afecta a, o tiene impacto sobre, la autoestima, la calidad de vida y los estados anímicos en la población con SD, y no sabemos hasta qué punto esa posibilidad se ha visto limitada por los pequeños tamaños de la muestra. Un estudio comparativo que examinó el impacto del hecho de competir en los Juegos Olímpicos Especiales sobre la autoeficacia en el SD mostró un gran efecto a favor de los competidores (effect size = 1,36). Por el contrario, una revisión Cochrane destacó la escasez de estudios bien controlados que examinaran la influencia del ejercicio prescrito sobre la salud tanto física como psicosocial de los adultos con SD, afirmando que, de los 1954 artículos identificados, sólo 63 se referían al ejercicio y al SD, y de estos sólo 3 se consideraron adecuados para ser incluidos en la revisión.

Por ello, se llevó a cabo el estudio MinDSet, para investigar si la aplicación del ejercicio físico o  del entrenamiento cognitivo (o de ambos), durante un periodo de ocho semanas, podría provocar cambios positivos en el sentimiento de satisfacción con la vida, en la autoeficacia y en los estados anímicos de los adultos con SD. Se partió de la hipótesis de que la actividad física, en comparación con el entrenamiento cognitivo o el combinado, elevaría las percepciones de la autoeficacia y de los estados anímicos adaptativos, como son la energía o el vigor. También se conjeturó que la actividad física moderaría las irregulares percepciones anímicas y los estados perturbados de ánimo, como son el enfado, la depresión, y la tensión en un grado superior al que se obtendría en los grupos de ejercicio cognitivo o combinado.

La finalidad del presente estudio fue examinar los efectos de ocho semanas de ejercicio físico prescrito o de entrenamiento cognitivo (o de ambos) sobre la salud física y cognitiva de los adultos con SD. Formaron parte de este estudio participantes de cinco continentes (edad 27,1 ± 8,0 años).

Participaron 83 adultos con SD (40 mujeres y 43 varones) con una media de edad de 27,1 ± 8,0 años: 67 en Estados Unidos, 8 en Europa, 5 en África, 2 en Asia y 1 en Australia. Se establecieron 4 grupos:

  1. Intervención mediante ejercicio (grupo EXE): durante ocho semanas realizaron un ejercicio cardio-respiratorio a base de andar o trotar, 3 veces a la semana durante ocho semanas en periodos de 30 min por sesión.
  2. Intervención cognitiva (grupo COG): realizaron ocho niveles de unos 20 min de ejercicios por sesión, de función cognitiva y ejecutiva, 6 veces a la semana.
  3. Grupo combinado (grupo COM): realizaron las intervenciones cardio-respiratorias y cognitivas antes indicadas durante ocho semanas.
  4. Grupo control (grupo CON): no se sometieron a ninguna intervención en el periodo de 8 semanas.

Se evaluó la salud cognitiva en la fase basal y tras el periodo de intervención de ocho semanas mediante la plataforma online PsyToolkit. Los participantes completaran unos cuestionarios para valorar la escala de satisfacción vital, y su escala de autoeficacia general (GSE). Se evaluaron los estados de ánimo a corto plazo utilizando una versión online del instrumento Perfil de los Estados Anímicos (POMS), compuesto por 65 ítems y la perturbación global del ánimo (TMD). El POMS se completó en la línea basal, al comienzo de cada una de las semanas de la intervención, y también durante la evaluación post-intervención.

En general, nuestros resultados resaltan el valor potencial y la utilidad que la intervención de ejercicio crónico prescrito obtuvo al fomentar los estados afectivos adaptativos y al atenuar ciertos estados afectivos de carácter inadaptativo en una población con SD. Al mismo tiempo confirma el valor de la intervención cognitiva para mejorar los estados de ánimo.

Satisfacción vital y autoeficacia

Se analizaron las diferencias en la SWLS y en la GSE, tanto en la cohorte global como entre los grupos, y esto en dos momentos temporales distintos: antes y después de la intervención. En la línea de base, y en concordancia con estudios anteriores llevados a cabo en este terreno, todos los participantes indicaron que se sentían satisfechos (puntuación de 26-30) o sumamente satisfechos (puntuación de 31-35) con la vida; pero no se observaron cambios estadísticamente significativos en cuanto a la satisfacción con su vida (SWLS) entre antes y después de la intervención, ni en la muestra en conjunto ni en ninguno de los grupos.

Respecto a la autoeficacia, la GSE estaba por debajo de la media internacional de 29,55 en la línea basal, pero las puntuaciones en la muestra global mejoraron significativamente, hasta situarse por encima de la media a lo largo de la duración del estudio. Sin embargo, no se apreciaron diferencias estadísticamente significativas entre los diversos grupos.

En cuanto a los estados de ánimo, el POMS y TMD fueron aplicados en tres momentos a lo largo del estudio: antes de la intervención, a la mitad y después de la intervención posterior. Se analizaron las diferencias entre los grupos. Los análisis entre los grupos indicaron que los individuos del grupo EXE, en comparación con el grupo CON, mostraron puntuaciones significativamente inferiores de ánimo maladaptativo (p. ej., la depresión en la fase media la intervención, y la  confusión en la fase posterior a la intervención). Además, se llevaron a cabo análisis dentro de los propios grupos para explorar los cambios producidos en el POMS y en la TMD antes, durante (fase media) y después de la intervención. Sólo en el grupo COG, la tensión, la depresión y la TMD se vieron reducidas significativamente a lo largo de la intervención, si bien se apreció una tendencia a la atenuación de la fatiga en el grupo COG y de la confusión en el grupo EXE.  

En general, y aunque no sean estadísticamente significativos, los hallazgos reflejan ciertos cambios positivos en la SWLS y en la GSE de los grupos. La ambigüedad de estos resultados en las personas con SD pueden parecer contrarios a la hipótesis basada en la teoría y en la literatura anterior. A nivel teórico, la SWLS ha demostrado tener propiedades menos sensibles a los cambios de situaciones que los estados anímicos. Por consiguiente, para observar cambios significativos en los atributos característicos asociados con la SWLS, serán más apropiadas las intervenciones a largo plazo que se ciñan a los principios de auto-determinación de autonomía, conexión y competencia, si se quiere obtener un cambio estadísticamente significativo. En las personas que no presentan discapacidad, hay numerosas pruebas sobre el buen papel que desempeñan las intervenciones de ejercicios intensos y regulares para mejorar la SWLS y la GSE. No obstante, los resultados referidos específicamente a la población con SD son más imprecisos. Una revisión sistemática reciente resumió los efectos de las intervenciones de ejercicio físico sobre las actividades de la vida diaria, incluyendo la SWLS y la GSE, y mostró que, de un total de 33 medidas de resultados, sólo 19 (58%) mostraban cambios afectivos positivos, y sólo 15 fueron estadísticamente significativas para la SWLS y para la GSE. Por ejemplo, Heller at al. (2004) hallaron que los individuos con SD que participaron en un programa de ejercicios de educación de la salud, tres días a la semana durante 12 semanas, mostraban mejores resultados en la GSE y en la SWLS que un grupo de control. Por el contrario, Shields y Taylor (2015) no hallaron cambios estadísticamente significativos en la satisfacción vital de unos jóvenes adultos con SD tras una intervención de ocho semanas, en la que se había animado a los participantes a caminar 150 minutos a la semana. Por consiguiente, puede que los hallazgos actuales reflejen sencillamente esa imprecisión que observamos en la literatura, la cual  puede haber sido producto de la naturaleza y de las características de las intervenciones del ejercicio en individuos sin discapacidad y de las características específicas de la población con SD. No obstante, hay que resaltar que los participantes en nuestro estudio referían unas puntuaciones relativamente altas de SWLS y de GSE en la línea basal, y por ello tal vez los cambios afectivos no hayan sido tan elevados en comparación con los cambios fisiológicos, debido a los efectos techo atribuibles a unos estados anímicos que ya eran inicialmente positivos.

Hallazgos entre los grupos sobre los resultados del POMS

Las diferencias entre grupos a la hora de analizar el efecto del ejercicio físico sobre los estados afectivos adaptativos, tales como los cambios positivos en la depresión y en la confusión del grupo EXE en comparación con el grupo CON, no son sorprendentes cuando se consideran en el contexto de la teoría contemporánea de la psicología neurológica y del ejercicio. A nivel neurológico, el ejercicio y la actividad física producen un aumento de la actividad neurotransmisora, incrementando sistemáticamente la disponibilidad de los receptores de la dopamina y reduciendo en consecuencia la gravedad de los estados de ánimo desadaptativos, como la depresión, la ansiedad y la confusión. Además, el modelo “Dual Mode” para entender las respuestas afectivas al ejercicio de distintas intensidades, especifica que, durante el ejercicio de intensidad moderada, los factores cognitivos e interoceptivos son determinantes poco importantes de las respuestas afectivas al ejercicio, ya que el ejercicio de baja intensidad no representa una amenaza para la homeostasis. Por lo tanto, el ejercicio aeróbico de intensidad moderada, como el que se les prescribió a los participantes de este estudio, se experimenta como algo placentero y produce estados afectivos adaptativos.

Estos hallazgos también concuerdan con los estudios llevados a cabo en individuos sin discapacidad o con otros tipos de discapacidad. En su conjunto, nuestros resultados apoyan la teoría neurológica y la literatura existente sobre la psicología del ejercicio, y apuntan a la posibilidad de que los cambios afectivos positivos atribuidos al ejercicio y a la actividad física también son válidos durante un programa de ejercicio crónico prescrito en una población con SD.

Hallazgos en los grupos sobre los resultados del POMS

Un hallazgo digno de consideración es que los análisis en los grupos revelaron reducciones estadísticamente significativas en los estados de ánimo de carácter inadaptativos, específicamente en la tensión, la depresión, la confusión y la TMD en el grupo COG, a lo largo de los sucesivos momentos de la intervención. Además, se apreciaron reducciones del cansancio en el grupo COG, en la confusión en el grupo EXE, y  disminución en la depresión en el grupo CON, si bien estos cambios no fueron estadísticamente significativos. Todos los demás análisis de grupo, en que se comparaban las diferencias a través de la sucesiva obtención de los datos del POMS y de la TMD a lo largo de la intervención, no fueron significativos estadísticamente.

Tomados en su conjunto, da la impresión de que los cambios adaptativos a los estados de ánimo inadaptativos se produjeron a lo largo del tiempo solamente en el grupo COG, y no en el grupo EXE ni en el grupo COM como se preveía. Estos efectos positivos sobre el estado de ánimo asociados con el grupo COG parecen estar en concordancia con otros estudios anteriores. Aunque todavía están en sus comienzos, los estudios recientes tienden a atribuir a los programas de “entrenamiento-cerebral” unas consecuencias positivas, tanto afectivas como cognitivas, como se ha visto en el presente estudio.

Conclusiones

Este es el primer estudio de los de su clase que investiga si la aplicación de un periodo de actividad física prescrita o de un entrenamiento cognitivo, o de ambos, puede aumentar la calidad de vida y a las características de los estados anímicos de una comunidad de individuos adultos con SD. Los resultados son importantes y proporcionan pruebas adicionales de que la actividad física no sólo puede aumentar la salud biológica y cognitiva, sino que también en cierta medida puede mejorar la calidad de vida y determinados aspectos que atañen a los estados de ánimo. Además, deberá reconocerse el papel del entrenamiento cognitivo o el de una carga cognitiva como factor que también mejoran la autoeficacia de los adultos con SD. Los beneficios sociales son manifiestos para la comunidad con SD; estar más activos físicamente y más estimulados cognitivamente son hechos que fomentan la autoestima y la integración social.

Comentario: Quizá la principal enseñanza de este complejo estudio sea la necesidad de conjugar actividades e intervenciones. El ejercicio físico ciertamente puede activar sistemas relacionados con el sentimiento de bienestar y de alerta que favorecen las actividades cognitivas. Hay sin embargo actividades y estados más profundos que exigen el entrenamiento y mejora mediante el refuerzo de la actividad cognitiva. Como todo ser humano, la persona con SD necesita estar sometida a ambas formas de actividad, adaptadas a la personalidad y capacidades de cada individuo.