Editorial: Alegría en casa
Alegría en casa
La cuestión punzante es si la presencia, la vivencia de la discapacidad propia o ajena, incapacita para vivir con alegría. Va penetrando en nuestra sociedad y en nuestro ánimo la idea o la sensación de que quien ideó nuestra biología fue un sádico, porque la dejó inerme ante las mil contingencias de la vida. De ahí que, para no culpabilizar a nadie en concreto, prefiramos vernos como fruto de un azar ciego e irreflexivo. Y vaya usted a pedirle responsabilidades. Pero en cualquier caso nos mete en el cuerpo un sentimiento de fatalidad y de negro augurio ante un final irremediable. Nuestra vida se convierte en una sucesión de infortunios ante los cuales es muy difícil prodigar sonrisas. Si, además, la discapacidad araña nuestro entorno, la alegría se esfuma definitivamente.
Pero existe otra realidad. Cuando contemplamos a nuestros hijos, o alumnos, o amigos con discapacidad, oímos sus sentimientos, vemos sus actividades y palpamos su alegría; cuando leemos comentarios de padres en los que comentan la satisfacción que les reporta el pequeño logro, avance, sonrisa de su hijo con discapacidad; cuando vemos la alegría íntima con que una persona, limitada en sus habilidades, consigue vivir su propia vida cuando hay alguien al lado que la promociona y apoya, es entonces cuando empezamos a comprender mejor el sentido de una existencia que no está necesariamente marcada por el dolor y el fracaso sino por la relación y la ayuda.
La alegría es tanto más profunda y sólida cuanto más enraizada se encuentra en nuestra propia realidad existencial. La alegría no es fruto de lo que poseemos sino de lo que disfrutamos. Y no hay mayor gozo que el que deriva del servicio. Nuestra biología es quebradiza, cierto, pero ella misma posee los resortes para superar los infortunios, propios y ajenos. En la medida en que nos dediquemos seriamente a utilizar esos resortes, así será nuestra capacidad para llenar nuestra vida y nuestro entorno de la alegría íntima de nuestra existencia.
No, no hay sádico alguno detrás de nuestro acontecer biológico. Es cierto, sin embargo, que necesitamos guías, estímulos, razones, experiencias que nos ayuden a asumir cuanto de incómodo e ingrato la vida nos ofrece; pero no hay mejor educación para la ciudadanía que aquella que nos enseña, no sólo a respetar y aceptar la diferencia, sino a ayudarla y a servirla más allá del sentimiento compasivo que nos pueda despertar. La prueba del nueve está en la capacidad de alegría que podamos transmitir o a cuya presencia podamos contribuir. Porque transmitir alegría significa no sólo comprender y aceptar a la persona distinta y desfavorecida —actitudes meramente pasivas—, sino implicarse en su bienestar, en que encuentre el sentido de su vida por limitada que sea, en que vea la luz que se hace camino entre sus sombras, hasta el punto de que ella misma se sienta feliz de estar viva, satisfecha de lo que posee.
¿Es esto utópico, iluso? Ciertamente, no. Cuanto más cerca nos encontramos de la discapacidad humana más convencidos estamos de la riqueza intrínseca con que nuestra naturaleza ha sido dotada para afrontar los problemas. Pero, ciertamente, es necesario atenerse a una disciplina que obliga y compromete de modo muy especial a la familia, por ser el ámbito natural de la convivencia. Es preciso formularse, cada día, la obligación de mantener el buen humor y la alegría en la casa, de contribuir a crear un ambiente vitalmente comprometido, a pesar de los mil contratiempos de la vida ordinaria. Convencidos de que cada día que pasa iluminado por pequeños destellos de humor y optimismo, es un eslabón más para que nuestro hijo, nuestro hermano, nuestro nieto —o por qué no, también nuestro amigo, o nuestro alumno— vaya llenando su propia bolsa de alegría, la que definitivamente ha de ayudar a forjar la calidad de su vida a la que tiene pleno derecho.




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Foro Premios Afectivo Efectivo es un espacio que permite visibilizar y reconocer el gran trabajo de numerosos profesionales e instituciones ligadas al ámbito sanitario, impulsando un modelo de atención sanitaria más humano y eficaz."