Dieta y actividad física en niños y adolescentes con síndrome de Down

Dieta y actividad física en niños y adolescentes con síndrome de Down.
Luca Pecoraro, Melissa Zadra, Francesco Cavallin, Silvana Lauriola, Giorgio Piacentini, Angelo Pietrobelli. Lipid Profile, Eating Habit, and Physical Activity in Children with Down Syndrome: A Prospective Study. Diseases 2024, 12, https://doi.org/10.3390/diseases12040068
RESUMEN
Basta asistir a un congreso que reúna a jóvenes y adultos con síndrome de Down (SD) para comprobar el alto porcentaje de individuos que presentan obesidad, a veces en alto grado, porcentaje muy superior al compararlo con el del resto de la población. Si el problema ya es serio en la era actual para la población general, calificado a veces como epidémico y convertido en diana de las multinacionales farmacéuticas, lo es mucho más en el mundo del SD. Son numerosos los factores de todo orden que contribuyen al aumento de peso en esta población. Son de destacar su menor gasto energético, la tendencia a la pasividad derivada en parte de su propia hipotonía muscular, ciertas comorbilidades como el hipotiroidismo o la cardiopatía, los problemas de masticación y deglución que les inducen a elegir alimentos de fácil ingesta (especialmente carbohidratos [p. ej., pasta, bebidas azucaradas]) y evitar los más dificultosos o de sabor menos atractivo [p. ej., frutas diversas, verduras, pescado]. No se pueden obviar, además, el evidente componente hedónico que acompaña de manera muy personal a la comida y las tradiciones culturales que impregnan ya al individuo desde sus primeros años a través de la familia.
Saber ajustar la dieta diaria de manera que cubra las necesidades energéticas sin excederse y, al mismo tiempo, satisfaga la vertiente hedónica propia de la comida requiere la adquisición de un hábito basado en el conocimiento y una buena práctica educativa, hábito que ha de ser adquirido desde las edades más tempranas. Por eso los pediatras afirman que: 1) la infancia es la etapa clave en la adquisición de los hábitos alimenticios y el estilo de vida; 2) el desarrollo de la obesidad en la infancia a partir de los 6 años y en la pubertad es el mayor indicador de lo que va a ocurrir en la edad adulta; y 3) prevenir es más fácil y útil que corregir.
El presente estudio explica la experiencia de una unidad pediátrica especializada en el SD en el hospital universitario de Verona, que dirigió un plan de formación y seguimiento prospectivo sobre nutrición y actividad física a padres/cuidadores de niños y adolescentes con SD a lo largo de dos años. Para ello los participantes recibieron instrucciones ofrecidas por un pediatra especializado que expuso y explicó detalladamente la importancia de llevar a cabo ejercicio físico y los beneficios de la Dieta Mediterránea, para que los aplicaran durante ese periodo. Analizaron los datos antropométricos y de laboratorio (perfil lipídico) cada 6 meses, insistiendo en las recomendaciones sobre el valor del ejercicio y la dieta. Valoraron el grado de adhesión a la Dieta mediante “KIDMED-Mediterranean Diet Quality Index”, y la actividad física mediante el “Godin-Shepard Leisure Time Physical Activity Questionnaire”. Los parámetros para valorar los resultados se basaron en estos dos índices, el índice de Masa Corporal (IMC) y el perfil de lípidos HDL, LDL y TGC, comparando los datos entre las visitas en la línea de base y a tras el seguimiento de dos años.
Participaron 44 niños con SD (24 varones y 20 mujeres, media de edad de 9 ± 3 años). El grado de adhesión a la dieta Mediterránea y a la actividad física en la línea de base y a los 2 años de seguimiento se resume en la tabla 1; mejoró la actividad física y no hubo cambios en la adhesión a la dieta Mediterránea.
Tabla 1. Comparación de la actividad física (Godin) y la adhesión a la dieta Mediterránea (KIDMED) en la visita de la línea de base y a los 2 años de seguimiento.
| Variable | Línea de base (n = 44) | A los 2 años (n = 44) | Valor de p |
| Puntuación Godin | 0,0004 | ||
| Media (DE) | 17 (8) | 22 (10) | |
| Mediana (IQR) | 17 (10-21) | 23 (15-29) | |
| Min; max | 3; 44 | 2; 39 | |
| Actividad, n (%) | 0,002 | ||
| Activo | 6 (14%) | 22 (50%) | |
| Moderadamente activo | 22 (50%) | 12 (27%) | |
| Insuficientemente activo | 16 (36%) | 10 (23%) | |
| Puntuación KIDMED | 0,32 | ||
| Media (DE) | 6 (2) | 6 (3) | |
| Mediana (IQR) | 6 (5-7) | 6 (4-7) | |
| Min; max | 2; 10 | 1; 11 | |
| Adhesión a la dieta, n (%) | 0,50 | ||
| Alta | 11 (25%) | 12 (27%) | |
| Moderada | 28 (64%) | 22 (50%) | |
| Baja | 5 (11%) | 10 (23%) |
A lo largo de los dos años hubo una disminución en el IMC, con reducción en el número de niños obesos y modificaciones en el perfil lipídico, como se muestra en la tabla 2.
Tabla 2. Comparación de IMC y perfil lipídico entre la línea de base y a los 2 años.
| Variable | Línea de base (n = 44) | A los 2 años (n = 44) | Valor de p |
| Puntuación IMC | 0,006 | ||
| Media (DE) | 1,1 (1,2) | 0,7 (1,2) | |
| Mediana (IQR) | 1,0 (0,4-1,8) | 0,8( 0,1-1,4) | |
| Min; max | -1,5; 4,5 | -4,6; 2,7 | |
| Categoría IMC, n (%) | 0,05 | ||
| Peso normal | 27 (61%) | 29 (66%) | |
| Sobrepeso | 11 (25%) | 13 (30%) | |
| Obeso | 6 (14%) | 2 (4%) | |
| LDL, mg/dL | 0,04 | ||
| Media (DE) | 78 (27) | 83 (24) | |
| Mediana (IQR) | 72 (62-97) | 86 (67-100) | |
| Min; max | 23; 141 | 35; 138 | |
| HDL, mg/dL | 0,03 | ||
| Media (DE) | 53 (12) | 50 (10) | |
| Mediana (IQR) | 54 (45-60) | 48 (43-55) | |
| Min; max | 20; 80 | 33; 83 | |
| TGC, mg/dL | 0,50 | ||
| Media (DE) | 79 (39) | 73 (33) | |
| Mediana (IQR) | 66 (53-96) | 63 (52-84) | |
| Min; max | 33; 219 | 31; 184 | |
| Dislipidemia, n (%) | 13 (30%) | 15 (34%) | 0,77 |
Los resultados muestran que la serie de instrucciones dirigidas a mejorar la nutrición y la actividad física a lo largo de dos años consiguió establecer ciertos cambios en los hábitos del estilo de vida y en el estado de nutrición en los niños y adolescentes con SD. El asesoramiento mantenido logró aumentar la actividad física, con más niños que desarrollaban un mayor grado de actividad. No mejoró significativamente, sin embargo, el grado de adhesión a la dieta Mediterránea aunque en conjunto, la mayoría lo hizo en un grado moderado/alto. Un problema puede ser la naturaleza física de los componentes de esta dieta, con predominio de alimentos sólidos frente a líquidos, dadas las dificultades de masticación y deglución que estos niños presentan frecuentemente.
Los datos globales del estudio indican la utilidad de la persistencia en el asesoramiento por parte del pediatra, que vigila periódicamente el estado nutricional, el crecimiento y el estilo de vida en una etapa de la vida que es crítica para incorporar hábitos decisivos en el control de la dieta. Su determinación en instruir y formar al individuo y a su entorno familiar es decisiva para que esos hábitos se consoliden y queden integrados de una manera natural en sus decisiones sobre el modo de gestionar día a día su alimentación.
COMENTARIO
Dada la naturaleza extraordinariamente compleja de los factores que conforman la actividad humana relacionada con la comida y la alimentación, resulta particularmente decisiva la formación que se reciba en las primeras etapas de la vida en las que se van estructurando los principios básicos que modelarán la conducta. La experiencia nos muestra la extraordinaria dificultad para cambiar los hábitos alimenticios pasados los veinte años. A las dificultades intrínsecas de carácter cognitivo se suman las características biológicas que favorecen la tendencia a aumentar la ingesta y el peso. Por eso se ha de encarecer al equipo pediátrico responsable de la salud de los niños y adolescentes con SD y a los equipos educativos que cultivan su formación, que extremen sus cualidades pedagógicas y recomendaciones para que la vigilancia de la comida no constituya una barrera ominosa e infranqueable sino el resultado de decisiones propias, internas, bien fundamentadas y satisfactoriamente tomadas.



