Resumen 2: Invertir en investigación sobre la enfermedad de Alzheimer

Invertir en investigación sobre la enfermedad de Alzheimer en la próxima generación de adultos con síndrome de Down beneficiará la salud de las futuras generaciones.

 

Margaret M. Weden, Lori Frank, Andrew W. Dick, Zetiandu Wang, Susan Oeschin, Diane E. Bovenkamp, Sharyn L. Rossi, Dana Sciullo, Hampus Hillerstrom, Richard A. Fisher. (2025). Investment in Alzheimer’s disease research for the next generation of adults with Down syndrome will yield health benefits for future generations.

Alzheimer & Dementia.Sep;21(9):e70348.  DOI: 10.1002/alz.70348. (2025)

Estamos viviendo una etapa apasionante en la investigación sobre la enfermedad de Alzheimer (EA). Desde 2021, la FDA de USA ha aprobado ya dos tratamientos que modifican la enfermedad, lo que representa el mayor avance en muchos años. Se están desarrollando nuevos tratamientos. Con todo, las personas con discapacidades intelectuales y del desarrollo están poco representadas, y a menudo excluidas, de los ensayos clínicos.

Estas desigualdades en el acceso son particularmente sorprendentes cuando se trata de personas con síndrome de Down (SD). A pesar del importante papel que las personas con SD han jugado en las fases de investigación básica, descubrimiento y desarrollo para la elaboración de nuevos tratamientos, las personas con SD han sido sistemáticamente excluidas en el desarrollo de las fases de investigación clínica, eficacia y seguridad (inocuidad). Con respecto a las innovaciones en el tratamiento más recientemente aprobadas para la EA, no existe todavía ningún ensayo sobre la seguridad y eficacia en las personas con SD y, en este momento, los expertos en SD no recomiendan su utilización generalizada en estos adultos hasta que se realicen los ensayos clínicos sobre su seguridad. El primer ensayo clínico sobre la seguridad del fármaco Kisunla (donanemab) fue anunciado por Eli Lilly en la sesión AAIC 2024 y se espera que inicie el reclutamiento de personas en 2025.

Esta inclusión desigual de las personas con SD en todas las fases del proceso de desarrollo de los tratamientos proviene probablemente de las estrictas exigencias éticas con el fin de proteger de los riesgos de lesión y del exigente escrutinio de riesgos en una población vulnerable. Afortunadamente, gracias a los esfuerzos de las organizaciones de apoyo a lo largo de los dos últimos años, se ha conseguido un gran avance que incluye: la confirmación por parte de los Centros USA Medicare y Medicaid (MSD) de que las personas con SD quedan cubiertas para los fármacos anticuerpo anti-amiloide nuevamente aprobados; la confirmación por parte de la FDA de que las personas con SD están incluidas en las instrucciones de estos fármacos; y las recomendaciones de un grupo de 25 expertos que definieron las adaptaciones a los criterios de autorización previa para acceder a estos fármacos en todos los estados USA. Sin embargo, sigue estancada la situación en que esta falta de evidencia (datos) sobre el potencial impacto de la innovación terapéutica para la EA en los individuos con SD y sus familias está contribuyendo a ampliar las desigualdades en las consecuencias de la EA en la población con SD, en comparación con la población general, que magnifican y exacerban la mayor predisposición para la EA que caracteriza a las personas con SD.

La posibilidad de que las innovaciones de nuevos tratamientos lleguen a enlentecer los importantes incrementos en EA previstos en el siglo XXI ofrece una magnífica solución a una sanidad pública y a un problema de planificación de los servicios de salud, arrastrados por el cambio demográfico del siglo XX. Los estudios de investigación han mostrado que el envejecimiento de la cohorte de adultos del Baby Boom entre 1946 y 1964 ha generado fuertes aumentos en el número de adultos de USA con EA, y que el equilibrio de las tendencias de natalidad y supervivencia para las cohortes de nacimiento tras el Baby Boom ampliarán más todavía la población con EA. Sin embargo, los estudios han mostrado además que los progresos en las estrategias terapéuticas y preventivas que terminan en modestos retrasos en el comienzo y progresión de la EA pueden reducir significativamente el peso de esta enfermedad. Estos son prometedores hallazgos incluso en el contexto de los tratamientos actuales y de los que se esperan en preparación. Por desgracia, y en contraste con la rápida expansión antes indicada de la población que garantizaba el pronóstico que respalda la planificación de los servicios de salud para la EA en la población general, apenas se conocen datos sobre la demografía y la salud de la población adulta con SD.

Estas lagunas sobre el envejecimiento en el SD suscitan las siguientes preguntas: ¿Cuáles son las tendencias actuales y futuras en las características demográficas y epidemiológicas de la población adulta con SD? ¿Cuáles son las tendencias en la EA asociada al SD (SD-EA) en EE.UU.? ¿Cómo podría la inversión en investigación afectar las tendencias en la salud cognitiva, la longevidad y el cuidado en los próximos 50 años? Se necesitan respuestas a estas preguntas para que podamos conocer sobre qué investigar y dónde invertir.

Para empezar a responder a estas preguntas, los investigadores de RAND han desarrollado y utilizado una simulación de población y un modelo de proyección para predecir cuántos niños nacidos con SD llegarán a su adultez y cuántos desarrollarán la EA. Definieron y obtuvieron parámetros para un modelo que podía ser informado, respectivamente a partir de la mejor evidencia epidemiológica (la incidencia de SD-EA y la probabilidad de supervivencia con SD-EA) y la evidencia demográfica (sobre cambios en el tamaño y patrones de las cohortes de nacidos con SD). El modelo RAND estimó que entre el año 2000 y 2020 hubo un gran aumento en el porcentaje de la población total de SD que alcanzó la adultez más elevada (definida aquí como ≥50 años). Las mejoras en supervivencia captadas en el modelo fueron responsables de este aumento en la población de adultos mayores con SD, que suele denominarse población envejecida. Además, como consecuencia del Baby Boom, en los individuos que habían entrado en la adultez precoz, aumentó la prevalencia de SD-EA: del 17% en 1990 y 2000 a >20% en 2000, y a casi el 30% en 2020.El modelo RAND estimó que la esperanza de vida en 2020 fue de ~55 años, con aproximadamente 5 años de SD-EA. Estimó igualmente que las consecuencias del aumento de financiación en investigación y recursos fueron muy notables: ya a partir de 2020, los años de vida aumentarían en 5 años. Los adultos, a partir de los 45 años, pasarían como media unos 12 años sin SD-EA y aumentaría la esperanza de vida hasta los 67 años en 2070. Al mismo tiempo, habrá una reducción de alrededor del 40% en las horas de atención que habrán de prestarse.

Comentario: Las anteriores predicciones, basadas en la simulación de población y en un modelo de proyección, constatan la necesidad de mantener inversiones en investigación, en la que participen las personas mayores con SD en igualdad de condiciones a las de la población sin SD.