Jean Vanier ha fallecido

Jean Vanier ha fallecido

 

En la madrugada del 7 de mayo de 2019 ha fallecido Jean Vanier. Tenía 90 años.

Vanier era un filósofo, un pensador. Recibió su doctorado en Filosofía en 1962 por su tesis "La felicidad: principio y fin de la moral aristotélica". Y empezó ese año a dar clases de filosofía en la Universidad de Toronto.

El momento crucial en la vida fue apenas un año después, en 1963, durante su primera visita a una institución dedicada a personas con discapacidad intelectual. Su profundo 'grito por mantener una relación' tocó su corazón. Su respuesta fue bien sencilla: comprar una casa e invitar a unos pocos hombres con discapacidad intelectual a que vinieran a vivir con él. Así fue como empezó "El Arca". "Fe y Luz" siguió unos años más tarde, fundada junto con Marie-Hélène Mathieu. Llevadas por una ola de entusiasmo, ambas comunidades se extendieron por todo el mundo.

La Comunidad "El Arca" tiene hoy presencia en 38 países, con más de 150 comunidades, que atienden a personas con necesidades psíquicas especiales. Su movimiento espiritual hermano, las Comunidades "Fe y Luz", con muchos parientes y familias y amigos de personas con discapacidades, cuenta con más de 1.800 comunidades en el mundo.

En el mundo académico, se reafirmó en su experiencia de firmeza, inteligencia, brillantez, exigencia, competencia... Pero todo eso era de poca importancia al tratar con las personas con discapacidad intelectual. Con ellas, la mente y las palabras importaban menos que el cuerpo, la presencia, la emoción, el abrazo. Lo importante de verdad era la relación, el trato entre personas.

Esas personas transformaron a Jean Vanier: el hombre eficaz y resolutivo tuvo que aprender a ser uno más, un amigo, alguien que convive, que comparte tiempo. Alguien más orientado al trato con personas que a hacer cosas.

En sus textos valora una y otra vez las cosas sencillas: el abrazo, la sonrisa, el juego, el acompañamiento, la oración con gestos, incluso las horas de sueño. Dormir más y mejor es importante, escribía, para las personas y para las comunidades: menos irritabilidad, más tranquilidad, menos ansia de "hacer" y de "eficacia". Todo junto ayuda a la fe y la amistad, cosas que van unidas. "Lo que era más importante para ellos", explicaría siempre, "no era la pedagogía ni la técnica educativa. Era mi actitud hacia ellos, mi manera de escucharlos, de mirarlos con respeto y amor, de tocar su cuerpo, de responder a sus deseos, mi forma de estar en alegría, celebrar y reír con ellos ... Así es como poco a poco pudieron descubrir su belleza, que eran preciosos, que su vida tenía un significado y un valor. Me di cuenta de que no escuchaba lo suficiente, que tenía que respetar más su libertad. Poco a poco, ya no eran para mí personas con discapacidad, sino amigos. Me hicieron bien y creo que les estaba haciendo bien".

Sobre las Comunidades "El Arca" y "Fe y Luz", ver Espiritualidad y Religión