DownMediaAlert ― Mayo 2025, N. 80
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- Incidencia y prevalencia de demencia en adultos sin y con discapacidad intelectual y del desarrollo (sin y con síndrome de Down).
- Factores relacionados con la depresión desarrollada por los cuidadores de adultos con síndrome de Down.
- Biomarcadores para detectar y vigilar la enfermedad de Alzheimer en el síndrome de Down, obtenidos en sangre.
- La enorme carga o aflicción sobre el cuidador y el impacto familiar en el Trastorno de Regresión en el Síndrome de Down.
- Alteraciones tempranas en la microestructura de la sustancia blanca en bebés con síndrome de Down.
- Descripción de la neuropatología de una mujer con síndrome de Down que permaneció cognitivamente estable: implicaciones de su resiliencia a la neuropatología.
- Incidencia y prevalencia de demencia en adultos sin y con discapacidad intelectual y del desarrollo (sin y con síndrome de Down).
Prachi Patel, Winnie Sun, Andrea Mataruga, Kinwah Fung, Robert Balogh. (2025). The Incidence and Prevalence of Dementia Among Ontario Adults With and Without Intellectual and Developmental Disabilities. International Journal of Geriatric Psychiatry, 2025; 40:e70050 https://doi.org/10.1002/gps.70050.
Si bien el riesgo de aparición de demencia en los adultos con síndrome de Down(SD) está firmemente demostrado, no se ha investigado lo suficiente en lo que respecta a adultos con otras formas de discapacidad intelectual y del desarrollo (IDD) que no sea el síndrome de Down, existiendo algunas discrepancias: para edades de 65 años en adelante, 18,3% en el Reino Unido, 12,5% en Japón, 4,2% en USA. El presente estudio se ha realizado en Ontario (Canadá), a partir de los datos administrativos que han permitido calcular y comparar la incidencia acumulada y la prevalencia de demencia en un periodo de tiempo desde los años fiscales 2011/12 a 2020/21, en tres cohortes: adultos sin discapacidad intelectual (No-IDD), adultos con discapacidad intelectual y del desarrollo sin SD (IDD-no SD), y adultos con síndrome de Down (SD).
La incidencia media anual acumulada de demencia fue de 20,23 casos nuevos por 1000 adultos en el grupo IDD-no SD, 25,12 casos nuevos por 1000 en el grupo SD, y 4,79 en el grupo No-IDD. La incidencia acumulada de demencia, como media, fue 4,27 veces mayor en las personas IDD-no SD que en el grupo No-IDD, y 5,33 veces mayor en el grupo SD que en el grupo No-IDD. La prevalencia periódica de demencia, como media, fue 4,87 y 5,93 veces mayor en los adultos del grupo IDD-no SD y del grupo SD, respectivamente. La distribución más alta de demencia, a lo largo del periodo de estudio, fue en la edad 50-59 años para el grupo de personas con SD, y 70+ años en los grupos IDD-No SD y No-IDD.
El conjunto de resultados indica que la población de personas con discapacidad intelectual y del desarrollo que no tienen SD presenta un riesgo de desarrollar demencia que es próximo al de la población con SD, claramente superior al de la población sin discapacidad. Sin embargo, la edad de aparición se asemeja a la de la población sin discapacidad.
Comentario: Las consecuencias de este estudio son evidentes. Se hace preciso que los cuidadores y las instituciones y servicios de apoyo a las personas con discapacidad intelectual permanezcan vigilantes y presten atención al deterioro cognitivo que puede aparecer. Puede ser difícil discernir en una persona con discapacidad intelectual, que no tenga SD, lo que es el deterioro cognitivo y la pérdida de habilidades en la vida diaria propias del proceso normal de envejecimiento, o inherentes a la aparición de una demencia. Cada vez son más numerosos y precisos los biomarcadores que indican la aparición y progreso de una demencia (ver Resumen 3). Por tanto, habrán de vigilar e implementar medidas y estrategias necesarias para aplicar los recursos necesarios para un buen diagnóstico y el consiguiente tratamiento.
- Factores relacionados con la depresión desarrollada por los cuidadores de adultos con síndrome de Down.
Amy E. Bodde, Brian C. Helsel, Jessica Danon, Joseph Sherman, Anna Rice, Kristine Williams, Bethany Forseth, Joseph E. Donnelly, Lauren T. Ptomey. (2025). Factors Associated with Depression in Caregivers of Adults with Down Syndrome. J Intellect Disabil Res. 2025 March ; 69(3): 234–242. doi:10.1111/jir.13208.
Los familiares que atienden como cuidadores a personas con discapacidad del desarrollo presentan depresión y ansiedad con mayor frecuencia que los cuidadores a quienes no tienen discapacidad. Son varios los factores que parecen contribuir al desarrollo de la depresión. Por parte del cuidador, su propia conciencia y evaluación de las responsabilidades que asume en la atención; y por parte de quien recibe los cuidados, su estado físico y su grado de funcionamiento diario. El objetivo de este estudio fue identificar los factores intrapersonales (del cuidador) e interpersonales (de quien recibe los cuidados) que pueden estar asociados en el desarrollo de los síntomas depresivos de los cuidadores de adultos con síndrome de Down (SD).
Participaron en el estudio 24 adultos con SD en un ensayo a lo largo de 12 meses para valorar su actividad física, en el que se midió su estado cardiorespiratorio (VO2), la capacidad física de las extremidades inferiores (cinco veces sentarse y ponerse de pie), la movilidad funcional (prueba cronometrada de levantarse de un sillón, andar una pequeña distancia y volver a sentarse), capacidad física de la mitad superior del cuerpo (intensidad del agarre con la mano dominante) y evaluación de actividades de la vida diaria (test de Waisman). Por parte de los 24 cuidadores, se valoraron los síntomas depresivos, su sentimiento de tensión o angustia y su calidad de vida.
La asociación de todas estas evaluaciones con los síntomas depresivos fue calculada mediante los tests Mann-Whitney U y las correlaciones Spearman.
Los adultos con SD tenían una media de edad de 23±7,5 años (18-44 años), y el 58% fueron mujeres. La media de edad de sus cuidadoras (100% mujeres, familiares el 96%) fue de 54±10 años (38-85 años). Los síntomas depresivos del cuidador mostraron una asociación significativa con su sentimiento de tensión y angustia: a mayor sensación subjetiva de tensión, mayor puntuación de síntomas depresivos. Y mayor puntuación depresiva cuanto menor fue la puntuación de su calidad de vida.
En cuanto a las evaluaciones de la función física del adulto con SD, sólo se apreció una correlación negativa entre los síntomas depresivos y la funcionalidad de la mitad superior del cuerpo (intensidad del agarre con la mano): cuanto mayor era la funcionalidad corporal de la persona atendida, menor era la presencia de síntomas depresivos del cuidador.
Observamos altos grados de tensión en el 50% de los cuidadores. Estos cuidadores mostraban una baja calidad de vida, y todo ello contribuía a desarrollar mayores síntomas de depresión, con la sensación de que la tarea de cuidador limitaba el control de sus propias vidas y originaba estrés con sensación de agotamiento físico y mental. La mayor preocupación suele ser la planificación del futuro cuando ellos falten, combinada con las tareas de atención en el día a día. En cambio, a mayor potencial psicológico del cuidador (capacidad de adaptación y afrontamiento, promoción de esperanza y mayor apoyo social), menor es la aparición de los síntomas depresivos. Son estos los factores sobre los que se ha de trabajar para conseguir que los cuidadores mantengan un estado de equilibrio y confianza sobre sus propias posibilidades y capacidades para una correcta atención a la persona con SD.
Llama la atención la correlación con el dato de fortaleza en la mitad superior del cuerpo de la persona con SD, que ha sido considerado como expresión de la fortaleza de todo el organismo: expresaría un mejor estado de salud, de independencia y de funcionamiento del individuo con SD. Y sería lógico que ello redundara en una mayor facilidad para el cuidador a la hora de prestar su atención y cuidados en sus funciones de apoyo, con la correspondiente mejoría en su calidad de vida.
Comentario: Abunda la bibliografía sobre la salud mental de los cuidadores, en su mayoría femeninos, de las personas con discapacidad intelectual, y en concreto con SD, sobre todo en las etapas tempranas de la vida. Se ha señalado que puede cambiar a lo largo de la vida, en razón de las circunstancias y evolución. Van apareciendo ahora estudios relacionados con la vida adulta. El presente estudio se centra especialmente en la etapa intermedia de la adultez. En él destaca la importancia del ánimo, motivación y fortaleza de la cuidadora para contrarrestar posibles sentimientos de tensión y angustia que abocan en la aparición de la depresión. Ello obliga a centrar la atención por parte de las instituciones en los apoyos a los cuidadores, tanto de carácter emocional como material.
- Biomarcadores para detectar y vigilar la enfermedad de Alzheimer en el síndrome de Down, obtenidos en sangre.
Melissa E. Petersen, Lisi Flores-Aguilar, Elizabeth Head, Laia Montoliu-Gaya, Andre Strydom, Sarah E. Pape, Juan Fortea, Nicholas J. Ashton, Chinedu Udeh-Momoh, Sid E. O’Bryant, Dwight German, Florin Despa, Mark Mapstone, Henrik Zetterberg. (2025). Blood biomarkers in Down syndrome: Facilitating Alzheimer’s disease detection and monitoring. Alzheimer’s Dementia. Alzheimer’s Dement. 2025; 21:e14364. https://doi.org/10.1002/alz.14364
Sorprende a primera vista el hecho de que, prácticamente, todas las personas con síndrome de Down (SD) presenten hacia los 40 años en su cerebro las lesiones patológicas que son propias de la enfermedad de Alzheimer (EA), y, sin embargo, no se aprecien los síntomas clínicos de demencia que la definen hasta pasados unos cuantos años, con una enorme variedad interindividual. Se comprende la necesidad de conocer los elementos que materialicen el curso biológico de cada individuo en su proceso hacia la EA, para poder influir positivamente sobre ellos, y la necesidad de disponer de datos cuantitativos, mensurables, de algún elemento(s) que determine el inicio y la evolución de la demencia, es decir, que se constituya en un fiable biomarcador de la EA. Propiedades lógicas del biomarcador habrán de ser su fiabilidad y su fácil disponibilidad para ser extraído y cuantificado.
En la autoría del presente artículo confluyen varios equipos que han trabajado muy activamente en la búsqueda y evaluación de biomarcadores que marcan la aparición y evolución de la EA, expresamente en individuos con SD. Su descripción y evaluación se refiere a los biomarcadores obtenidos a partir de muestras de sangre (plasma o suero) por considerar razonablemente que son más fáciles de obtener frente a las muestras de líquido cefalorraquídeo.
En principio, los estudios se han centrado lógicamente en la evolución cuantitativa que siguen los productos directamente relacionados con los elementos propios de las alteraciones específicas que se observan en el tejido cerebral: el amiloide (A), la proteína tau (T), y biomarcadores sanguíneos propios de la neurodegeneración (AT[N]). De ellos, el nivel de los productos fosforilados de la proteína tau (p-tau217, p-tau181) en sangre (plasma o suero) ha mostrado seguir de manera más cualificada el curso clínico progresivo de la EA en las personas con SD, por lo que se consideran buenos candidatos como biomarcadores del curso de la enfermedad. También parecen válidos los biomarcadores propios de la inflamación (proteína ácida fibrilar glial), si bien se necesita una mayor confirmación.
Comentario: Tiene un valor adicional para confirmar la validez de estos biomarcadores el hecho de que una reciente publicación confirma también el valor de los biomarcadores relacionados con p-tau en una elevada muestra de personas con EA que no tienen SD, especialmente la p-tau 217 (Alzheimer’s Dement. 2025 Feb;21(2):e14609. doi: 10.1002/alz.14609.).
Se trata de un paso enormemente significativo en el esfuerzo por detectar el inicio y progresión de la enfermedad de Alzheimer en las personas con síndrome de Down. Es preciso que familias y profesionales relacionadas con el síndrome de Down conozcan esta información sobre los biomarcadores más fiables, y se pongan los medios para universalizar las técnicas de su medición y hacerlas disponibles.
- La enorme carga o aflicción sobre el cuidador y el impacto familiar en el Trastorno de Regresión en el Síndrome de Down.
Katherine Chow, Panteha Hayati Rezvan, Lilia Kazerooni, Lina Nguyen, Natalie K. Boyd, Benjamin N. Vogel, Maeve C. Lucas, Ruth Brown, Eileen A. Quinn, Saba Jafarpour, Jonathan D. Santoro. (2025). Caregiver burden and familial impact in Down Syndrome Regression Disorder. Orphanet Journal of Rare Diseases. RESEARCH (2025) 20:126. https://doi.org/10.1186/s13023-025-03644-0
El Trastorno de Regresión en el Síndrome de Down (DSRD, por sus siglas en inglés) es una regresión neurocognitiva que aparece de forma aguda o subaguda en las personas con síndrome de Down (SD), y se caracteriza por la pérdida de sus habilidades cognitivas, adaptativas y sociales que habían sido adquiridas previamente, a veces en alto grado. El DSRD afecta gravemente a la capacidad de los individuos para realizar sus actividades de la vida diaria y los hace profundamente dependientes de sus cuidadores, que han de prestarles una atención altamente superior a la que les prestaban antes de que apareciera este trastorno. Este estudio va dirigido a examinar la sobrecarga del cuidador, su calidad de vida y la depresión que acompaña a los cuidadores de las personas con DSRD, comparándolos con los cuidadores de las personas con SD aquejadas de otros trastornos neurológicos (DSN).
En este estudio transversal participaron 228 cuidadores de personal con DSRD y 137 con DSN. Los participantes cumplimentaron cuestionarios estandarizados que valoraron la calidad de vida (PedsQL Family Impact Module), la carga del cuidador (Zarit Caregiver Burden Assessment, ZCB), y la depresión (Glasgow Depression Scale, GDS), así como otros ítems adicionales que evaluaban otros factores del bienestar del cuidador.
Los cuidadores de las personas con DSRD mostraron una mayor probabilidad que los cuidadores de DSN de informar sobre un aumento de la carga financiera (p = 0,003), cambios en vivienda (p = 0,02), perturbación en el sueño (p < 0,001), impacto negativo sobre sus relaciones sociales (p < 0,001) y empeoramiento de su salud mental (p < 0,001. Además, los cuidadores DSRD mostraron niveles significativamente mayores de sobrecarga (diferencia media [95% CI]: 8,3 [6,3, 9,7]) y de síntomas depresivos (2 [0,7, 3,4]), que reflejaban una mayor percepción de estrés y de sobrecarga. Mostraron una puntuación más baja en los cuestionarios de calidad de vida (-27,9 [-30,2, -25,5]), lo que indica impacto más sustancial sobre el bienestar en su conjunto y el funcionamiento diario, en comparación con los cuidadores DSN. Por último, los cuidadores del grupo DSRD mostraron también una probabilidad más alta de cumplir los criterios de depresión clínica (puntuación GDS ≥ 13), razón de probabilidad [95% CI]: 4,7 [2,9, 7,7].
Los resultados indican claramente que los cuidadores de las personas con DSRD sufrían una sobrecarga y un impacto sobre la salud mental muy superior al de los cuidadores DSN en sus múltiples facetas: económica, estabilidad en la vivienda, sueño, relaciones sociales y salud mental; menor calidad de vida y sensación de sobrecarga, y mayor prevalencia de síntomas depresivos. En conjunto, el estudio subraya el profundo nivel de perturbación y aflicción que sufren los cuidadores por causa del DSRD. Las diferencias con los DSN son evidentes, como corresponde a las diferencias en el perfil sintomático entre ambas situaciones. Los síntomas del DSRD son una combinación de catatonía y enfermedad neuropsiquiátrica, que no sólo afecta a aspectos funcionales de la vida, sino que desencaja el engranaje social. En cambio, las personas con DSN sufren primariamente un déficit neurológico focalizado, o episodios transitorios del déficit (p. ej., convulsiones. En el DSRD aparecen alteraciones profundas del ánimo, ansiedad, pérdida de las habilidades que ya habían sido conseguidas, incluidas la movilidad y las cognitivas que tanto influyen sobre la relación social y la regulación emocional. Este cambio obliga al cuidador a prestar un apoyo constante y dinámico tanto a las necesidades físicas como mentales y conductuales.
La realidad aparece más dura cuando el trastorno regresivo aparece en individuos cuya evolución vital se caracterizaba por un nivel alto de sus habilidades cognitivas y mentales. Y que, quizá por ello, no se han tenido en cuenta sus habilidades emocionales necesarias para afrontar determinadas situaciones o cambios en sus vidas.
Es preciso considerar también las actuales dificultades para encontrar en cada país especialistas que conozcan a fondo el DSRD (trastorno poco frecuente y muy recientemente identificado), expertos en establecer un complejo diagnóstico diferencial, ubicados en centros con recursos para realizar pruebas especializadas de laboratorio, y experimentados en la difícil terapéutica que exige paciencia y conocimiento de terapias muy diversas: psicofármacos de distintas cualidades, terapia electroconvulsiva, terapia inmunológica.
Comentario: El estudio pone negro sobre blanco la realidad de un problema que ha empezado a preocupar: la presencia del Trastorno Depresivo en el Síndrome de Down. Poco a poco el mundo del síndrome de Down va cobrando conciencia de su existencia y de su gravedad. Hasta ahora, toda la literatura sobre este trastorno se ha centrado lógicamente en su descripción diagnóstica y terapéutica, que afecta al individuo que lo desarrolla. El presente estudio es el primero que describe cabalmente la dureza de la desintegración física, mental y emocional que afecta a quienes han de acompañar y apoyar al paciente con DSRD. Es todo un reto que obliga a las instituciones a encontrar cuanto antes remedios que, de manera total o parcial, alivien o restauren la situación familiar.
- Alteraciones tempranas en la microestructura de la sustancia blanca cerebral en bebés con síndrome de Down
Omar Azrak, Dea Garic, Aleeshah Nasir et al. for the Infant Brain Imaging Study (IBIS) Network. (2025). Early White Matter Microstructure Alterations in Infants with Down Syndrome. medRxiv [Preprint]. 2025 Feb 27:2025.02.26.25322913. doi: 10.1101/2025.02.26.25322913.
En mayor o menor grado, el síndrome de Down (SD) afecta desde el comienzo del desarrollo del cerebro a varias de sus estructuras, que son causantes de la discapacidad intelectual. Pese a la importancia que la sustancia blanca cerebral tiene en el despliegue, conformación y función cerebrales, no se ha estudiado su microestructura en la etapa infantil de los 6 primeros meses de vida, tan crítica en su maduración que está marcada por su rápida mielinización, elevada plasticidad y el establecimiento definitivo de las vías y conexiones neuronales.
El análisis de la sustancia blanca por imágenes de resonancia magnética se realiza mediante tractografía del tensor de difusión que mide el movimiento browniano de las moléculas de agua. En niños y adultos jóvenes con SD, se han identificado las anomalías de la sustancia blanca en una serie de tractos clave como son el fascículo frontooccipital inferior, los fascículos longitudinal inferior y superior, el tracto corticoespinal y el fascículo uncinado. La hipótesis de los autores es que los bebés con SD mostrarán una anisotropía fraccional más baja y una alteración de la difusividad en estos tractos, que reflejarán una maduración diferida o atípica de estas vías neurales tan críticas para las funciones cognitivas y motoras.
El estudio se realizó en 49 bebés con SD (57% mujeres) y 37 controles sin SD (48,6 mujeres). Los bebés con síndrome de Down mostraron reducciones significativas en la anisotropía fraccional y en el índice de densidad de neuritas en múltiples tractos de asociación, especialmente en el fascículo fronto-occipital inferior y en el fascículo II longitudinal superior, que indica una disminución de la integración estructural y de la densidad de neuritas. Estos tractos nerviosos también mostraron un aumento en difusividad radial, lo que sugiere la presencia de un retraso en la mielinización. El fascículo fronto-occipital inferior y el fascículo uncinado mostraron un aumento en la dispersión de las neuritas y en su disposición de abanico en los bebés con síndrome de Down, reflejado en la elevación del índice de dispersión de su orientación. Es notable que los tractos ópticos en los bebés con SD mostraron una elevación de la anisotropía fraccional y difusividad axial, y menor difusividad radial e índice de dispersión de la orientación, lo que sugiere una más temprana maduración de estas vías nerviosas.

Fig. 1. Tractografía de las fibras nerviosas en las vías examinadas. Abreviaturas: IFOF, fascículo fronto-ocipital inferior; ILF, fascículo longitudinal inferior; SLF, fascículo longitudinal superior; CC, cuerpo calloso (zonas tapetum, esplenium y parietal).
El conjunto de estos resultados revela patrones claros del retraso en la maduración de la sustancia blanca en los bebés con SD, concretados en la disminución y retraso en la mielinización, la menor densidad de neuritas y el aumento de la dispersión neural en fibras que son críticas para el desarrollo de las funciones cognitivas de mayor orden y de las funciones motoras. De este modo se abre una ventana que permite apreciar las anomalías estructurales que subyacen en los retrasos cognitivos y motores.
Comentario: Estos hallazgos, observados en la primera etapa de la vida extrauterina abierta a los decisivos estímulos del ambiente, exigen la realización de nuevos estudios longitudinales que exploren de qué modo las alteraciones de la sustancia blanca, en cada individuo, se relacionan con los resultados cognitivos, conductuales y motores que le son propios, y ayudarán a aplicar las intervenciones más ajustadas a la realidad del bebé.
- Descripción de la neuropatología de una mujer con síndrome de Down que permaneció cognitivamente estable: implicaciones de su resiliencia a la neuropatología.
Jr-Jiun Liou, Jerry Lou, Lisi Flores-Aguilar et al. for the Alzheimer Biomarker Consortium - Down Syndrome. (2025). A neuropathology case report of a woman with Down syndrome who remained cognitively stable: Implications for resilience to neuropathology. Alzheimer’s Dementia 2025; 21:e14479. https://doi.org/10.1002/alz.14479
El artículo describe con todo detalle el caso de una mujer con SD en sus 60’s años que murió mostrando una elevada estabilidad cognitiva (CI=69). Se analizaron los correspondientes biomarcadores en sangre y líquido cefalorraquídeo, estudios de neuroimagen, y un completo estudio neuropatológico. Su apolipoproteína E fue ε2/ε3, y el análisis genómico demostró mosaicismo con un 10% de células disómicas; pero como no se había realizado en el nacimiento, no se puede conocer si el mosaicismo era congénito o se fue desarrollando a lo largo de la vida.
Los estudios de neuroimagen revelaron elevación de grado medio en los niveles de amiloide y placas de amiloide, así como proteína tau y ovillos neurofibrilares, en diversas partes del cerebro. Cuerpos de Lewy y patología amiloide en la pared vascular. El análisis de biomarcadores en LCR mostró elevación de Aβ40, y moderada elevación de p-tau181 and t-tau que fue inferior a la media de otros estudios en individuos con SD y demencia.
Analiza el fenómeno de la resistencia al declive cognitivo que se observa en algunas personas con SD que se mantienen sin demencia pese a la presencia de las lesiones neuropatológicas. Puede ser por una mayor ‘reserva cognitiva’ en personas que han mostrado un alto nivel cognitivo por aprovechamiento de un alto nivel educativo; o por disponer de una mayor ‘reserva cerebral’ por mayor densidad sináptica y más rico complejo neuronal; o por ventaja genética debido a ciertas mutaciones génicas que mejoran el metabolismo del amiloide.
Comentario: El caso descrito confirma la realidad de la variedad en la presentación de la demencia Alzheimer en las personas con síndrome de Down. Encarece la necesidad de realizar un estudio completo de las peculiaridades de cada caso. En el presente, las circunstancias fueron especialmente favorables: la ausencia de apo ε4, el alto nivel cognitivo y funcional a lo largo de su vida y la presencia de un mosaicismo, aunque ligero y sin poder determinar la duración de su presencia.
