Todos los artículos, recogidos de la literatura internacional y aquí resumidos y comentados, están disponibles en su versión original inglesa en PDF.
Puede solicitarla a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Para la Fundación Iberoamericana Down21 es una satisfacción haber alcanzado el número 75 de DownMediaAlert, una iniciativa de Canal Down21. Mantenemos nuestro compromiso de seguir ofreciendo, mensualmente, selectos resúmenes y comentarios de los trabajos publicados en la literatura internacional sobre variados aspectos relacionados con el síndrome de Down.
Al mismo tiempo nos complacemos en señalar que en 2025 celebraremos el 25º aniversario de la creación de la Fundación.
- Embarazo, parto y descendencia en mujeres con síndrome de Down.
- Recomendaciones sobre nutrición y dieta para personas con síndrome de Down.
- Enfermedad de Alzheimer y síndrome de Down.
3.1. Biomarcadores y curso evolutivo de la enfermedad de Alzheimer.
3.2. El antiamiloide lecanemab en el síndrome de Down.
- Bienestar mental en los adultos con síndrome de Down. 2ª edición.
- Adhesión a las guías clínicas prácticas para adultos con síndrome de Down.
Abdullah Alnoman, Haitham A. Baghlaf, Ahmad M. Badeghiesh, Magdalena Peeva, Michael H. Dahan. (2024). Pregnancy, delivery, and neonatal outcomes among women living with Down syndrome: a matched cohort study, utilizing a population data based. Archives of Gynecology and Obstetrics (2024) 309: 2681–2687. https://doi.org/10.1007/s00404-023-07208-0
La fertilidad en las personas de ambos sexos con síndrome de Down (SD) está claramente reducida. Pero, a juzgar por los datos disponibles en la literatura, lo está mucho más en los varones que en las mujeres. En los varones sólo hay tres casos descritos de nacimiento de un hijo, en los que la presencia de trisomía 21 no mosaico en el padre ha sido claramente confirmada, mientras que en las mujeres son muchos más los casos descritos. Las causas de la infertilidad del varón son varias y afectan principalmente a la espermatogénesis (V. https://www.downciclopedia.org/salud-y-biomedicina/problemas-de-salud/2463-fertilidad.html). El presente estudio analiza la mayor fertilidad de la mujer con SD: el embarazo, el parto y el estado de los neonatos a partir de una base de datos poblacional.
La base de datos fue la Health Care Cost and Utilization Project-Nationwide Inpatient Sample (HCUP-NIS); es la base de datos más grande que recoge ingresos hospitalarios en USA y su estancia, de todo el país. El registro analizado abarcó desde el año 2004 a 2014. Se utilizaron los códigos ICD-9. El ICD-9 758.0 para los casos de madres con SD; las mujeres embarazadas con SD (grupo de estudio) fueron emparejadas con madres sin SD (grupo control) teniendo en cuenta la edad, raza, ingresos y tipo de seguro sanitario, en una relación de 1 a 20. Como datos relativos al embarazo se consideraron la diabetes gestacional, la placenta previa, la hipertensión gestacional, preeclampsia y eclampsia. Como datos relativos al parto se consideraron la prematuridad (parto antes de las 37 semanas de edad gestacional), ruptura prematura de membranas, desprendimiento de placentas, corioamnionitis, modalidad del parto, complicaciones de heridas (infecciones, hematomas, hemorragias heridas perineales), infecciones maternas (septicemia, endometritis, peritonitis), hemorragia postparto y transfusiones. Como datos relativos al neonato se consideraron el ser pequeño en relación a la edad gestacional, anomalías congénitas, fallecimiento intrauterino del feto, anomalías cromosómicas del feto (p. ej., trisomía 21).
El total de partos procesados fue de 9.096.788. De ellos, 184 correspondieron con diagnóstico documentado de SD. La prevalencia a lo largo de los años analizados varió entre 1,3 y 3,3 por 100.000 mujeres. Las características basales, tanto demográficas como maternales, fueron similares entre el grupo SD y el control, concretamente en las condiciones metabólicas preexistentes (obesidad, hipertensión, diabetes pregestacional o enfermedad tiroidea).
En cuanto a los problemas asociados al embarazo, en las mujeres con SD no fue mayor el riesgo relativo a desarrollar hemorragia postparto, hipertensión gestacional, preeclampsia, diabetes gestacional o diabetes, que el del grupo control. En relación con los problemas propios del parto, tampoco el grupo SD mostró diferencias con el grupo control en cuanto a la ruptura prematura de membranas, corioamnionitis, hemorragia postparto y transfusión sanguínea. Los modos de parto fueron también similares. En cambio, las mujeres con SD mostraron mayor probabilidad de tener un parto prematuro (OR 3,09, 95% CI 2,06-4,62).
En cuanto a las características neonatales, en el grupo SD el riesgo de fallecimiento fetal intrauterino fue significativamente mayor que en el grupo control (OR 22.45, 95% CI 12,02-41,93). La tasa global de fallecimientos fetales intrauterinos para los fetos con SD fue del 7,4%, es decir, 18 veces mayor que en la población de referencia. Los nacidos de mujer con SD mostraron una mayor probabilidad de ser pequeños para la edad gestacional (OR 2,70, 95% CI 1,54-4,73) y tener anomalías congénitas (OR 7,92, 95% CI 4,11-15,24). Por último, las mujeres con SD mostraron un mayor riesgo de que sus hijos nacieran con anomalías cromosómicas, incluidas pero no limitadas a trisomías 21, 18 y 13 (14,7% frente a ninguna en el grupo control).
Los autores concluyen que las mujeres con SD deben ser muy bien asesoradas tanto antes como durante la concepción, sobre el aumento de riesgo de prematuridad y de consecuencias adversas en sus recién nacidos.
Comentario:
Joanna Gruszka y Dariusz Włodarek. (2024). General Dietary Recommendations for People with Down Syndrome. Nutrients 2024, 16, 2656. https://doi.org/10.3390/nu16162656
La alta frecuencia con que personas con síndrome de Down muestran exceso de peso y obesidad, iniciados muchas veces en edades muy tempranas, y el hecho de que estos problemas aparezcan en todas las regiones del mundo, obligan a estudiar los múltiples factores que entran en juego. Uno de ellos es la ingesta calórica íntimamente ligada al hábito alimenticio. Educar el hábito alimenticio desde la niñez y la adolescencia es de vital importancia en una actividad tan vital como es la conducta relacionada con la comida, en la que se superponen e imbrican los factores culturales, los mecanismos neurales de hambre y saciedad, los mecanismos cerebrales de recompensa y satisfacción. Todos ellos actúan con una intensidad que es propia de cada individuo. Esa complejidad hace aún más difícil introducir cambios de conducta alimenticia cuando ésta se encuentra ya establecida, y por eso fracasan tanto los intentos de reducir peso en la vida adulta. A todo ello, en el síndrome de Down se suman otros factores como pueden ser el hipotiroidismo, la falta del necesario ejercicio y el sedentarismo, entre otros.
La intención de este trabajo es analizar el modo de actuar sobre uno de todos estos factores en el síndrome de Down: la selección de una dieta correcta y equilibrada y su aplicación desde las edades más tempranas, para que quede bien consolidada en la conducta diaria de la persona. Puede haber circunstancias personales condicionadas por las comorbilidades que con frecuencia acompañan al síndrome de Down, que aconsejen desviarse de las normativas generales.
La metodología utilizada por los autores de este estudio se ha basado en analizar los trabajos publicados en los que se describe la ingesta y hábitos alimentarios de concretos grupos de individuos con síndrome de Down de diversas edades, y señalar las desviaciones con respecto a las normativas nacionales incluidas en las guías oficiales sobre alimentación. De su búsqueda en PubMed, Research Gate y Google Scholar, detectaron seis trabajos de varios países (USA, Arabia Saudí, Noruega, Italia, Polonia y España), con tradiciones culturales y culinarias diferentes, que utilizaron cuestionarios también distintos, llevados a cabo en poblaciones con edades diversas. Pese a esta diversidad, los autores obtuvieron un conjunto de datos para poder sacar conclusiones comunes.
Fue bajo el consumo de verduras y de fruta. Esto reduce la aportación de fibra y de antioxidantes en la dieta y facilita la aparición de enfermedades metabólicas y de estreñimiento, condiciones a las que son más proclives las personas con síndrome de Down. Las verduras aportan también importantes cantidades de ácido fólico.
Fue escasa la ingesta de granos de cereales en sus variadas formas comerciales (de trigo, avena, arroz, maíz), tanto integrales como de fibra soluble. Se conoce su utilidad para reducir la hiperglicemia postprandial y fracción LDL de colesterol.
Fue bajo también el consumo de los productos lácteos en sus diversas formas, lo que puede disminuir la ingesta de calcio y de vitamina D.
Y en cambio fue alta la ingesta de carne. Es generalizada la recomendación de diversificar el origen de proteínas, no sólo de origen animal sino también vegetal. Es evidente la utilidad de la carne como fuente de diversas proteínas, hierro y vitamina B12. Sin embargo, es preciso considerar la riqueza proteica derivada del pescado, a la que se suma la aportación de ácidos grasos omega-3 en lugar de omega-6, así como las proteínas incluidas en las legumbres.
En conjunto, los autores aprecian una carencia de recomendaciones a nivel nacional que sean específicas para la población con SD. El contenido de proteínas, grasa, ácidos grasos saturados, y fibra habrá de seguir las normas propias de la población general. Habrán de incluir: el aporte calórico total que cada individuo necesita en función de sus características personales (edad, régimen de vida, índice metabólico, perfil sanguíneo de nutrientes). La fuente de proteínas habrá de ser diversa, combinando el origen animal y vegetal. Se reducirá el aporte de grasa, especialmente la rica en ácidos grasos saturados en favor de la rica en ácidos no saturados del tipo de omega-3 (pescado, grasa de origen vegetal). Igualmente diverso ha de ser el origen de los carbohidratos, que incluya los de verduras, fruta, granos integrales de cereales, legumbres. Y ha de reducirse la ingestión de dulces
En conclusión, los estudios analizados muestran escaso consumo de verduras, fruta, cereales, productos lácteos; y excesivo consumo de carne y dulces. Es importante que las recomendaciones dietéticas sigan las directrices de carácter general que establecen los diversos países, y las adapten a las condiciones de cada persona. Los autores señalan, como ejemplos, las directrices para la población general en:
Estados Unidos: Snetselaar, L.G.; De Jesus, J.M.; Desilva, D.M.; Stoody, E.E. Dietary Guidelines for Americans, 2020–2025: Understanding the Scientific Process, Guidelines, and Key Recommendations. Nutr. Today 2021, 56, 287–295.
Inglaterra: Cobiac, L.J.; Scarborough, P.; Kaur, A.; Rayner, M. The Eatwell Guide: Modelling the Health Implications of Incorporating New Sugar and Fibre Guidelines. PLoS ONE 2016, 11, e0167859.
España. López García, E.; Bretón Lesmes, I.; Díaz Perales, A.; Moreno Arribas, V.; del Puy Portillo Baquedano, M.; María Rivas Velasco, A.; Fresán Salvo, U.; Tejedor Romero, L.; Bartolomé Ortega Porcel, F.; Aznar Laín, S.; et al. Report of the Scientific Committee of the Spanish Agency for Food Safety and Nutrition (AESAN) on Sustainable Dietary and Physical Activity Recommendations for the Spanish Population. Food Risk Assess Europe 2023, 1, 0005E.
Alemania: DGE-Ernahrungskreis (Germ)/DGE German Society for Nutrition (Eng). Available online: https://www.dge.de/gesundeernaehrung/gut-essen-und-trinken/dge-ernaehrungskreis/ (accessed on 12 May 2024).
Polonia: Wolnicka, K. Talerz Zdrowego Z˙ywienia (Pol)/Healtly Eating Plate (Ang). Available online: https://ncez.pzh.gov.pl/abczywienia/
talerz-zdrowego-zywienia/ (accessed on 11 February 2024).
Comentario: Son bien conocidas las dificultades por enmendar el sobrepeso y la obesidad, tan frecuentes, en la población con SD. Lo es en cualquier individuo, cuánto más en quienes tienen dificultades especiales para comprender problemas y mecanismos complejos de conductas y hábitos, como son los relacionados con la ingesta de alimentos. Por ello, incorporar hábitos sanos desde edades jóvenes se convierte en una estrategia obligada. Conocer y aplicar normativas bien documentadas es el primer paso que han de seguir las familias y los servicios comunitarios, públicos y privados, para marcar la buena dirección que ha de seguir la higiene alimentaria en las personas con SD.
3.1. Biomarcadores y curso evolutivo de la enfermedad de Alzheimer en el síndrome de Down.
María Carmona-Iragui, Antoinette O’Connor, Jorge Llibre-Guerra, Patrick Lao, Nicholas J. Ashton, Juan Fortea, Raquel Sánchez-Vallel. (2024). Clinical and research application of fluid biomarkers in autosomal dominant Alzheimer’s disease and Down syndrome. eBioMedicine 2024;108: 105327. https://doi.org/10.1016/j.ebiom.2024.105327 www.thelancet.com Vol 108 October, 2024
El objetivo principal de este trabajo es destacar cómo, según sea el origen patogenético de la enfermedad de Alzheimer (EA), evolucionan de modo diferente los elementos que constituyen los biomarcadores a lo largo de un continuum que abarca la evolución y progresión de la enfermedad. Para ello sus autores distinguen las formas de EA genéticamente determinadas y las formas esporádicas de EA. Dentro de las genéticamente determinadas, se encuentran: a) las autosómico dominantes (ADAD, por sus siglas en inglés) que obedecen, dentro de un marco cromosómico por lo demás normal, a una mutación genética en los genes presenilina 1 y 2 o a una duplicación del gen APP, y b) la propia del síndrome de Down (SD) que se debe a la triple presencia del gen APP acompañada de la triple presencia de los demás genes propios del cromosoma 21 (DSAD, por sus siglas en inglés).
La triple presencia del gen APP en el cromosoma 21 desde la concepción (el gen que codifica la proteína pre-amiloide de la que se generan los péptidos β-amiloide [βA], neurotóxicos) provoca el aumento lento pero inexcusable de dichos péptidos en el cerebro, que se van acumulando y evolucionando en diversas formas a lo largo de la vida del individuo. La triplicación del gen APP en el cromosoma 21 es necesaria y suficiente para que surja la neuropatología de la EA, mientras que la sobre-expresión de otros genes en el cromosoma 21, distinta en cada persona con SD, influye en el riesgo, en la velocidad y el modo de la acumulación y evolución de βA y en su consiguiente expresión patológica (amiloide soluble, formación de fibrillas, pérdida de sinapsis, degeneración neuronal, presencia de proteína tau), hasta hacer visible la sintomatología propia de la EA. Esa es la razón de la enorme diversidad con que transcurren en cada individuo las diversas etapas de la enfermedad, desde la asintomática a aquellas en las que los síntomas se inician y van progresando en número e intensidad. Diversidad, pues, en la intensidad con que transcurren los cambios biológicos, en el momento de aparición de los diversos síntomas, y en la velocidad con que progresa la enfermedad. El conjunto de la evolución queda definido por un continuum. En el caso del SD, los signos más tempranos de la sobre-expresión de amiloide consisten en su acumulación dentro de los agrandados endosomas y lisosomas, que posiblemente tiene lugar ya durante la gestación. Los hitos neuropatológicos se desarrollan de una manera ordenada a lo largo de las diferentes etapas en las que la carga patológica va aumentando, décadas antes de que la enfermedad se manifieste clínicamente. Adicionalmente, la neuroinflamación siempre presente en mayor o menor grado en el cerebro del SD, contribuye en este proceso tanto en las etapas preclínicas como en las sintomáticas.
En la última década se han ido identificando biomarcadores que detectan las anomalías cerebrales y sus consecuencias, según van transcurriendo a lo largo de este continuum. De esta manera se convierten en valiosos instrumentos para concretar y asegurar el comienzo de la enfermedad y la etapa evolutiva en que se encuentra en un individuo concreto. Esto es especialmente útil en el SD en donde la sintomatología conductual y cognitiva propia de este síndrome hace más difícil la detección temprana de la EA, especialmente en sus primeras fases. Tradicionalmente, los biomarcadores son de tres clases: sustancias identificadas en los líquidos biológicos (principalmente sangre y líquido cefalorraquídeo [LCR]), neuroimágenes del cerebro in vivo (que pueden ser completadas con el análisis del cerebro post-mortem), y resultados de las evaluaciones neuropsicológicas
Aunque el artículo original abarca el estudio de la evolución de los biomarcadores a lo largo del continuum de las formas ADAD y DSAD, el resumen aquí ofrecido se centra principalmente en la DSAD.
En el síndrome de Down, es bastante predecible la fecha de aparición de la etapa prodrómica de la EA, que está establecida en una mediana de edad de 50,8 años, y un diagnóstico de demencia en los 53,8 años. Contra lo que se suponía, es bastante factible realizar punciones lumbares en los adultos con SD, que puede llegar hasta el 30% y permite obtener datos de biomarcadores en el LCR que completan los valores obtenidos de manera habitual en sangre. Ya en la niñez se aprecia un aumento de los niveles de Aβ en LCR, que después disminuyen hasta cerca de los 30 años y siguen haciéndolo hasta descender por debajo de lo normal, dos décadas antes del comienzo de la demencia. En cambio, en el plasma los niveles de Aβ1-42 y Aβ1-40 se mantienen elevados de manera constante en los adultos a lo largo de su vida. Por tanto, existe una clara disociación entre los niveles de Aβ1-42 y Aβ1-40 en plasma y en LCR.
En cuanto a la proteína tau, los adultos jóvenes con SD tienen niveles de p-tau181 en LCR comparables a los de la población euploide, pero sus niveles aumentan unos 15 años antes de que aparezca la demencia, coincidiendo con los aumentos de amiloide observados mediante las imágenes de tomografía cerebral PET. Es posible que también aumenten los niveles de p-tau217 y p-tau231 al mismo tiempo que la positividad tomográfica de amiloide. Los niveles plasmáticos de p-tau181 guardan relación con los biomarcadores que son clave en la EA, como son el adelgazamiento de la corteza cerebral, el hipometabolismo de las regiones cerebrales implicadas la EA. Tanto la p-tau181 como la p-tau217 plasmáticas pueden identificar la EA sintomática en el SD, especialmente cuando se relacionan con la edad.
Respecto al valor de la detección del neurofilamento de cadena ligera (Nfl), sus niveles en LCR y plasma en los jóvenes adultos con SD son similares a los de población euploide joven; pero aumentan pronto en la etapa preclínica, incluso antes de que aparezca positividad amiloide en la PET, y siguen aumentando la EA sintomática. El Nfl constituye un buen biomarcador diagnóstico para detectar la EA sintomática. También los niveles plasmáticos de Nfl muestran gran valor diagnóstico para predecir la EA sintomática, y para confirmar claramente su presencia.
El estado de la disfunción sináptica cerebral se manifiesta mediante los niveles de SNAP-25 que aumentan a lo largo del continuum de la EA. Están disminuidos también en el LCR los niveles de NPTX2 (Neuronal Pentraxin Receptor 2), un biomarcador de la disfunción de los circuitos inhibidores cerebrales, en todas las etapas de la EA, por lo que puede ser un biomarcador útil antes de que se aprecien los síntomas.
Importantes pueden ser también los biomarcadores relacionados con la inflamación característica del SD, si bien puede resultar difícil diferenciar entre la inflamación de origen cerebral y la inflamación en tejidos periféricos. Los niveles plasmáticos de GFAP (Glial Fibrillary Acidic Protein) aumentan en paralelo con los cambios de Aβ en el LCR, 10 años antes de la positividad de amiloide en PET y siguen subiendo durante la EA sintomática. Correlacionan también con el adelgazamiento de la corteza cerebral y la patología amiloide del cerebro; pueden ofrecer información pronóstica. Es decir, tanto la inflamación crónica de tejidos periféricos como la neuroinflamación crónica pueden estar presentes a lo largo de la vida de los adultos con SD, reflejando su predisposición hacia los trastornos de naturaleza autoinmune, pero las respuestas específicas inflamatorias al amiloide, tau y otras lesiones, incluidas las cerebrovasculares, pueden empujar el proceso patológico de la EA en etapas específicas de la enfermedad.
Los autores concluyen lo siguiente: En la enfermedad de Alzheimer de personas con SD, los biomarcadores se hacen anormales de un modo que es predictivo a lo largo de la edad. Su valor predictivo negativo es útil para descartar que determinados síntomas sean atribuibles a la EA. Tienen valor pronóstico que permiten personalizar la planificación de la enfermedad, facilitando la atención temprana y personalizada. Definir la etapa de evolución de la EA mediante biomarcadores permite medir la gravedad de la enfermedad, estimar el pronóstico y planificar la atención clínica. Cuanto mejor se conozca la dinámica de los biomarcadores en plasma y LCR, más mejorará el diagnóstico y se afinará el pronóstico.
Comentario: El artículo completo, del que se ha resumido sólo una parte dedicada a la presencia y evolución de los biomarcadores de la enfermedad de Alzheimer en el síndrome Down, es muy especializado. Este resumen va dirigido a quienes tienen responsabilidades en la vigilancia de los adultos, de modo que se animen a conocer los actuales recursos de que disponemos para asegurar precozmente un diagnóstico ―con frecuencia, complejo―, establecer un pronóstico y sentar las bases de la debida atención.
3.2. El antiamiloide lecanemab en el síndrome de Down
Lei Liu, Adriana Saba, Jesse R. Pascual, Michael B. Miller, Elizabeth L. Hennessey,
Ira T. Lott, Adam M. Brickman, Donna M. Wilcock, Jordan P. Harp, Frederick A. Schmitt, Dennis J. Selkoe, Jasmeer P. Chhatwal, Elizabeth Head. (2024). Lecanemab and vascular-amyloid deposition in brain with Down Syndrome. JAMA Neurology. Published online August 19, 2024. doi:10.1001/jamaneurol.2024.2579.
Nota editorial previa:
El lecanemab es un fármaco antiamiloide cuya aprobación por parte de las dos principales Agencias Gubernamentales para su uso en las etapas iniciales de la enfermedad de Alzheimer, ha sufrido varios contratiempos. Aprobado finalmente por la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos y por la Agencia Europea del Medicamento (EMA), fue denegada su comercialización el pasado verano por la EMA debido a sus posibles riesgos. Sin embargo, el Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) de la EMA acaba de recomendar su comercialización, y es de prever que próximamente la EMA lo confirme, y tras ella la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), con las debidas cautelas.
¿Qué es el lecanemab, cómo actúa y por qué ha suscitado tantas dudas?
Es un anticuerpo monoclonal IgG1 humanizado que muestra una alta selectividad por las especies agregadas solubles de Aβ (protofibrillas), las cuales son consideradas más tóxicas en comparación con el amiloide monomérico, y una selectividad moderada por el amiloide fibrilar. En la fase de Alzheimer prodrómico o demencia inicial ha mostrado una ralentización del 27% en las variables de eficacia clínica. Es capaz de negativizar en diverso grado el PET amiloide en forma dependiente de la dosis y el tiempo de acción, así como de reducir los marcadores de amiloide, tau (p-Tau181plasmática), neurodegeneración y neuroinflamación. Su t1/2 es de 5-7 días con un aclaramiento de unos 0,5 L/día. La dosis es de 10 mg/kg iv cada dos semanas.
Un aspecto crucial a tener en cuenta en las terapias anti-amiloide son las ARIA (Amyloid Related Imaging Abnormalities). Son efectos secundarios observables mediante imagen cerebral que se expresan en forma de edemas (E) o de hemorragias cerebrales (H). Son atribuidas al deterioro de la integridad vascular durante el aclaramiento de las placas amiloide. En el tratamiento por lecanemab se han observado como E en un 12% (2,8% sintomáticas) y como H en un 17,3% (0,7% sintomáticas). Puede haber una disminución de volumen cerebral de causa incierta, quizá atribuible a la reducción de las placas de amiloide y de la intensidad de la inflamación. Por eso es recomendable la monitorización clínica y radiológica, con resonancias magnéticas antes y durante el tratamiento. Sus síntomas varían desde cefaleas hasta focalidad neurológica, y muestran mayor riesgo los pacientes APOε4. Su manejo varía desde continuar el tratamiento en casos leves hasta la suspensión en los casos graves, o un tratamiento con corticoides (Arrranz et al. Farmacología de las demencias y las conductas anormales. En: Flórez et al. Farmacología Humana, 7ª ed. Elsevier 2025).
A la vista de lo descrito, ¿cómo se muestra el lecanemab en la patología cerebral del síndrome de Down? El estudio que se resume a continuación expone los datos objetivos obtenidos en cerebros autopsiados de los cerebros de personas con síndrome de Down afectadas por la enfermedad de Alzheimer.
El estudio
Se está utilizando de manera creciente la inmunoterapia anti-β-amiloide con el anticuerpo lecanemab en los pacientes con EA. Las personas con SD muestran ya la neuropatología propia de esta enfermedad para los 40 años de edad, y representan un grupo muy significado de la llamada EA determinada genéticamente, debida a la triple presencia del gen codificador de la proteína-β-amiloide. El objetivo de este trabajo ha sido investigar las propiedades de fijación de este anticuerpo en los cerebros de personas con SD, anticipándonos a su inclusión en los ensayos clínicos o al acceso a estas inmunoterapias antiamiloide.
En el estudio se han incluido casos de análisis postmortem de tejido cerebral en 15 individuos con SD, de edad entre 48 y 68 años, obtenidos en los centros de investigación sobre la EA de la Universidad de California, Irvine, y la Universidad de Kentucky entre 2008 y 2021. La media del intervalo de tiempo entre la muerte y la recogida y el debido procesamiento del cerebro fue de 8,17 horas. Los estudios de fijación del lecanemab al cerebro fueron realizados y analizados entre agosto de 2023 y mayo de 2024. Las áreas cerebrales analizadas para estudiar la fijación del anticuerpo lecanemab al amiloide fueron la corteza prefrontal dorsolateral, la corteza occipital y el hipocampo. El lecanemab, al unirse al amiloide, marcó importantes cantidades de placas de β-amiloide en el parénquima, en la pared de vasos y capilares cerebrales (angiopatía amiloide cerebral, AAC) y meníngeos, así como depósitos parenquimatosos próximos a los vasos. En conjunto, el marcaje con lecanemab sirvió para detectar una importante amiloidosis vascular en corteza y en leptomeninges. El marcaje fue especialmente intenso en las placas con Aβ-40, frente a las Aβ-42.

Estos datos confirman la presencia y la extensión de la vasculopatía amiloide en la EA propia del síndrome de Down, ampliamente demostrada en anteriores estudios. Pero además indica la posibilidad de que el lecanemab aumente el riesgo de que aparezcan los edemas y micro- y macro-hemorragias que constituyen las llamadas ARIA (anomalías de imágenes cerebrales relacionadas con el amiloide).
Los autores concluyen que el hecho de que el lecanemab se fije tan extensamente a las marcas de angiopatía cerebral amiloide en el SD, debe ser tenido muy en cuenta a la hora de llevar a cabo los ensayos clínicos con este producto, y definir su seguridad y eficacia, especialmente en los mayores de 43 años.
Comentario. Las Agencias internacionales han limitado el uso de este medicamento a pacientes que tienen una o ninguna copia de ApoE4, que es una determinada forma del gen de la proteína apolipoproteína E. Será preciso que incluyan también una advertencia sobre su utilización en la población con SD, precisamente una población que desarrolla con mayor probabilidad la EA. Debe advertirse también que las personas con SD más jóvenes no muestran AAC o lo hacen en grado escaso, por lo que el riesgo de complicaciones vasculares es menor.
Una obra mundialmente reconocida
La publicación de la segunda edición de Bienestar mental en los adultos con síndrome de Down marca un nuevo hito en el análisis y exposición de las características emocionales y mentales que fundamentan el comportamiento de los adolescentes y adultos con este síndrome. Basados en su experiencia conseguida a través de su análisis, asesoramiento y seguimiento a miles de personas, los Dres. McGuire y Chicoine ponen al alcance de las familias y de los profesionales poderosos recursos para conocer mejor las cualidades y las dificultades que acompañan a los adolescentes y adultos con síndrome de Down. Tal es la base de su bienestar mental.
Transcurridos quince años desde la aparición de la primera edición, la segunda incluye nuevos capítulos y amplía el análisis de temas fundamentales, como son:
- Qué es lo normal en una persona con síndrome de Down.
- El soliloquio y los amigos imaginarios.
- La comunicación.
- La autoestima y la autoimagen.
- Las relaciones afectivas
- La independencia
- Las rutinas y la flexibilidad
- Las habilidades sociales
- El procesamiento sensorial
- El pensamiento concreto y el abstracto
- La independencia
- El asesoramiento y la psicoterapia
- Los trastornos mentales más frecuentes: ansiedad, tics…
- Las conductas anómalas
- La regresión
- El TDAH y el autismo
- La enfermedad de Alzheimer
Cada capítulo está salpicado con ejemplos tomados de la experiencia diaria, hasta un total de 142, que ayudan a comprender la realidad y ofrecen soluciones prácticas.
Presentación de Beatriz Garvía
Ficha técnica
Título: Bienestar mental en los adultos con síndrome de Down. Una guía para comprender y evaluar sus cualidades y problemas emocionales y conductuales.
Autores: Dennis McGuire, Ph.D. y Brian Chicoine, M.D.
Publican: Fundación Iberoamericana Down21 y Fundación A LA PAR
Año: 2024
ISBN: 978-84-09-65995-1
Páginas: 608
Precio: 25 € + gastos de envío
Pedir a: Fundación Iberoamericana Down21. Correo-e: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Jordan C. Wood, Perman Cochyyev, Stephanie L. Santoro. (2024). Adherence to adult clinical practice guidelines for Down syndrome. American J. Medical Genetics 2024;e63850. https://doi.org/10.1002/ajmg.a.63850
En estudios previos se ha comprobado que la adhesión a las guías pediátricas para el síndrome de Down (SD) es muy pobre, por lo que se aprecian muchas carencias en la atención médica con la consiguiente repercusión personal y social. También se han elaborado guías para adultos, pero no se ha analizado su grado de adhesión y posibles ausencias en sus recomendaciones. En este estudio se trata de evaluar el grado de adhesión a las guías para adultos e identificar posibles ausencias en su contenido.
Para ello los autores han revisado retrospectivamente las historias clínicas de todos los pacientes de 18 años en adelante, atendidos en la Clínica SD de Adultos del Mass General Hospital de Boston entre diciembre de 2021 y febrero de 2024: un total de 329. Las guías clínicas consideradas fueron la de adultos (Tsou et al. V. https://www.sindromedownvidaadulta.org/no-36-octubre-2020/articulos-no-36-octubre-2020/guia-de-atencion-medica-a-los-adultos-con-sindrome-de-down/), y la de niños (Bull et al., 2022. V. https://www.down21.org/downmediaalert/3726-downmediaalert-junio-2022-n-42.html#a4).
En total se examinó la adhesión a 15 componentes diferentes del cribado de salud. Evaluaron las tasas de adhesión a las recomendaciones de la guía de adultos (Tsou) en 5 de sus componentes (función tiroidea, glucemia y HbA1C, cálculo del índice de masa corporal [IMC], recomendaciones de control del peso, y cribado de demencia) y en otros 4 para quienes tenían un historial de fractura (test de celíaca, vitamina D, hormona paratiroidea, densidad ósea). En cuanto a la adhesión a las guías generales (Bull): se valoró si se les había practicado audiograma, consulta a audiología y a oftalmología, y niveles de hierro. A los mayores de 50 años, se valoró si se les había practicado colonoscopia y, en las mujeres, mamografía.
El seguimiento a las guías en conjunto fue bastante alto, con una tasa media del 67,3%, si bien sólo el 14,7% de los pacientes mostró una plena adhesión a todas las recomendaciones. Las específicas de Tsou (función tiroidea, CMI, pérdida de peso, demencia y HbA1C) alcanzaron el 83,8%-95,2%. Menos de la mitad de nuestra cohorte cumplieron las recomendaciones relacionadas con la audiología y práctica de audiograma (que figuran en Bull pero no en Tsou). La adhesión a prácticas oftalmológicas fue del 70%. Se hace preciso incorporar estas recomendaciones en las guías de adultos.
Las recomendaciones relacionadas con las fracturas fueron seguidas en conjunto en el 49,4%, siendo las menos seguidas el nivel de PTH y la densidad ósea. El 73,5% de nuestra cohorte femenina con edad de más de 35 años había sido analizada por mamografía, y la colonoscopia había sido realizada en el 42,9% de los adultos de más de 40 años.
Se apreciaron niveles significativamente más bajos de hipotiroidismo en la población negra, algo que también se observa en la población general.
Comentario: El estudio subraya la necesidad de mejorar el seguimiento de las normas establecidas en las guías elaboradas por expertos en la atención a los adultos con SD. En general, el trabajo realizado por las distintas organizaciones ha conseguido que la adhesión a las guías nacionales de salud para los niños con SD alcance un nivel alto de seguimiento. No es tan sencillo en los adultos. Se hace preciso identificar profesionales que, dentro de su actividad general, conozcan las guías para adultos, se comprometan a realizar revisiones anuales y sepan reconducir hacia especialistas a quienes necesiten evaluaciones y tratamientos especializados. No hace falta insistir en el beneficio que reportan las clínicas especializadas, bien autónomas o incorporadas en servicios de los hospitales.
